La vida y costumbres del ser humano tienen bastante que ver con la del mundo animal. Sobre todo en lo que se refiere a su supervivencia. Y, aunque este artículo no pretende establecer cánones concretos comparativos entre ambas especies, lo cierto es que, ocasionalmente, merece la pena observar y comparar, para establecer similitudes, a veces despectivas, entre nuestra especie y el resto de las especies animales.
Hoy más que nunca no es difícil encontrar quienes gustan de hacer este tipo de ejercicio. Unas personas, entre su círculo de amistades y conocidos. Otras, rebuscando entre aquellas que, aun no formando parte de ese círculo, tienen que ver con esa otra esfera social, política, laboral, etc. con la que, de alguna manera, se sienten o no identificados.
En España, este tipo de parangón suele darse a menudo entre gentes de distinto nivel social y cultural. Más que nada por el enrarecido ambiente socio-político que, de un tiempo a esta parte, viene marcando la evolución –más bien retroceso– de nuestro país, en todos los sentidos. Lo cual suele ser motivado, además de por una exacerbada necesidad de desahogar su impotencia, por la frustración contenidas en su interior debido a la incapacidad/inutilidad en la que normalmente se mueven nuestros dirigentes. Pero sobre todo a esa cierta perversidad e intencionalidad que muchos intuimos en sus actos y decisiones. Comportamientos estos que acaban marcando irremediablemente el curso de todos los acontecimientos que tienen lugar no sólo en nuestras propias vidas, tanto personales como familiares y sociales, sino en el seno mismo de nuestra nación, enferma desde hace tiempo de esa presbicia ideológica que algunos llaman “padres” de la patria.

Vivimos, pues, querido lector, tiempos enrevesados, retorcidos, falsarios. Momentos en los que la autenticidad de las cosas, e incluso de nuestra propia existencia, nos oculta de nosotros mismos en demasiadas ocasiones con fines malévolos. Aún así, la mayor parte de los individuos que conforman nuestras modernas y abigarradas sociedades, pasan inadvertidamente por la vida, distraídos en memeces, embelesados con cuentos e historias televisivas infestadas de banalidad, perdidos en cuestiones que en nada contribuyen a resolver los problemas que padecemos, ni la triste realidad que nos envuelve. En el fondo, nos movemos y existimos en un controvertido e irreal mundo, lleno de fantasías y noticias subliminales y engañosas, que nos desvían continuamente por caminos aciagos e intrincados, que a muchos les parecen buenos y veraces. Somos marionetas de un sistema montado a la medida de cada uno de nosotros; muñecos de carne y hueso en manos de un poder omnímodo e invisible, pero cierto, que utiliza el globo terráqueo como su teatro particular para conformar obras grotescas, dramas terribles y comedias tristes, donde la existencia humana juega un papel fundamental en su modo particular de distraerse. Y, a veces, somos como las hienas, que se reúnen en manadas para robarle a los leones las presas que han conseguido cazar con su esfuerzo y fortaleza.
Puede que para algunos estas líneas resulten confusas, pensando adónde intentamos llegar. Pero no es tan difícil descubrir el secreto que esconden. Únicamente debemos observar con detenimiento; mirar con atención hacia el interior de esta mundanidad que nos rodea y atrapa en una nube nauseabunda, llena de prejuicios estúpidos y falsas ideas, conceptos insípidos, definiciones inicuas, e hipérboles insustanciales. Sólo así llegarán a darse cuenta de que no es engañosa nuestra intención. Antes al contrario; únicamente deseamos aportar un rayito de luz que ilumine sus mentes, probablemente abotargadas y torpes, al distraerse cada día por deambular demasiado a menudo en senderos repletos de brozas y maleza que les impiden salir de ellos para encontrar cuál es la vía más austera, pero sin duda la más saludable y segura en todos los sentidos.

Durante mucho tiempo hemos contemplado los acontecimientos de este país nuestro estupefactos. Absortos en esa fotografía continuada que se nos ha mostrado impúdicamente sin ningún tipo de escrúpulo a través de los medios de comunicación, vendidos al mejor postor. Algo que nos ha convertido durante décadas en víctimas incautas de una perversidad y alevosía intransigentes y egoístas, disfrazadas de progreso y bienestar social pero que no dejaron de ser en ningún momento puro y duro relativismo. Un arrebato discursivo cuya finalidad fue siempre intentar tenazmente convencernos de que lo democrático era ese gran valor logrado por los “padres de la patria” tras la desaparición del dictador.
Es verdad que, en ciertos aspectos, aquel viejo régimen que nos mantuvo “la mente abotargada” –como algunos dicen– durante más de cuarenta años ha supuesto la gran liberación. Pero, al fin y al cabo, una emancipación mental cargada de veneno; pues lo único que trajo consigo fue obligarnos subliminalmente a pasar por el recesivo túnel de la izquierda inmunda y soez, donde la forma más imperativa de poder se manifiesta de modo continuado a través de las mentiras. Formas de entendimiento erróneas que se han apoderado vilmente de todas las instancias, de todas las instituciones, de todas las conciencias, logrando así cegarlas con una idea equivocada de lo que es el auténtico progreso, hasta hacerlas caer en el olvido del gran país que fuimos y del potencial que poseemos como pueblo de pueblos cuando somos llevados de la mano de gobernantes como Dios manda.
Así las cosas, los acontecimientos vividos durante estos últimos meses de la mano de la institución judicial, a tenor de las investigaciones llevadas a cabo como consecuencia de los supuestos delitos cometidos por algunos miembros del partido socialista, así como por algunos de sus dirigentes en el gobierno de la nación, nos hacen suponer la existencia de un cambio (ignoramos si radical) en el comportamiento del entramado judicial para cambiar no sólo el rumbo de nuestro país, sino para asegurar la pervivencia de esa independencia a la que, por derecho propio tiene derecho democráticamente hablando.
Todo, en fin, ha venido a ser como un claro en medio de una atormentada y oscurecida atmósfera desde hace años. Un halo de esperanza en el que felizmente han intervenido grupos especiales de nuestras Fuerzas y Cuerpos de la Seguridad del Estado, cuyo cometido ha sido igualmente manejado suciamente por el gobierno de la nación, para poder hacer y deshacer según su antojo y en medio de una flagrante impunidad. Algo que hemos tenido oportunidad de comprobar por nosotros mismos, viendo cómo los caprichos en la gobernación de España por parte de P. Sánchez y sus secuaces dejaban a un lado lo realmente veraz y justo para dar paso a lo impúdico e injustificable, en términos de verdad. Podríamos añadir incluso que, hasta estos momentos, hemos permanecido secuestrados literalmente por una forma de gobierno total y absolutamente mafiosa. Hecho este fácilmente demostrable a tenor de las condenas que, por parte del Tribunal Supremo, han sido hechas públicas y que han recaído sobre algunos miembros del gobierno socialista. Lease la del ex-ministro José Luís Abalos y su ex-asesor, Koldo García, condenados a 24 años y tres meses de prisión y 18 años y 8 meses respectivamente, por delitos de organización criminal, cohecho, malversación y tráfico de influencias en el caso de las mascarillas. También del empresario Víctor de Aldama, condenado a 4 años y medio de prisión; si bien este no ingresará en prisión debido a su muy cualificada colaboración con la Justicia, y siempre y cuando realice trabajos comunitarios y no vuelva a delinquir.
Igualmente, la noticia de la condena del hermano del Pte. del Gobierno, David Sánchez, a nueve años de inhabilitación para ejercer cargo público, así como para ejercer el derecho de sufragio pasivo por un delito de prevaricación administrativa, ha sido recibida entre las gentes de razón y sentido común como un acto de verdadera Justicia. Algo que gran parte del pueblo español aguardaba con ansia convencido de la ambigüedad con que los tribunales de justicia españoles habían obrado hasta entonces.
Otras muchas personas vinculadas al partido socialista y a sus periodos de gobierno han sido imputadas en su momento por su supuesta conexión con tramas de corrupción o criminales generalizadas, y por su intervención en muchas decisiones y acuerdos políticos tomados desde el momento de su llegada al poder. Entre ellas podemos citar:
– caso de los ERE (Andalucía), en la que estuvieron complicados ex–altos cargos de la Junta de Andalucía (J. A. Griñán y Manuel Chaves), además de la ex-ministra Magdalena Álvarez.
– caso Filesa, con la condena de varios dirigentes y senadores socialistas como consecuencia de una trama de financiación ilegal del partido a través de empresas fantasma.
Etc.
En la actualidad y continuando con este desagradable e intrincado asunto, existen nuevas y diversas causas abiertas contra otros miembros del Partido Socialista. También contra Begoña Gómez, esposa del Presidente de Gobierno, por su supuesta vinculación con delitos de tráfico de influencias, malversación, corrupción en los negocios y apropiación indebida. En estas causas se hallan implicadas también personas como Cristina Álvarez, asesora de la Sra. Gómez; Juan Carlos Barrabés (empresario), y quién sabe qué otras.
En la actualidad el PSOE posee en su haber un balance de más de 320 cargos abiertos a ex- dirigentes del partido, investigados por supuesta corrupción; además de 76 condenados en diferentes comunidades autónomas. A todo ello debemos añadir que, el conocido “caso Berni” hace que se sumen a dicha cifra más de 15 imputados, todos igualmente por supuestos actos de corrupción y tráfico de influencias.
Las causas abiertas alcanzan también a Valencia, Baleares, Madrid, Extremadura y Cataluña, por adjudicaciones, contratos públicos y gestión irregular de fondos, afectando a cargos socialistas tanto en ayuntamientos como en diputaciones y gobiernos autonómicos. Y no sólo eso, en Baleares la investigación sobre los centros de menores tutelados ha salpicado a responsables del Govern; y en Valencia las pesquisas sobre la Diputación y varios consistorios mantienen imputados a dirigentes locales del PSOE. Y todavía se hallan pendientes otros casos, como el del que fuese anterior Presidente de Gobierno, J. L. Zapatero. Toda una ristra, aparentemente interminable, de casos –unos resueltos por la Justicia, otros llevados ante ella o en vías de ser resueltos–, relacionados, tal y como vienen demostrando los respectivos sumarios, con personas vinculadas a un mismo partido político, el PSOE. Lo cual nos lleva irremediablemente a la conclusión de que algo está fallando en el sistema de gobierno de nuestro país.
Es pues rigurosamente preciso poner orden en este desaguisado. Y cuanto antes, mejor. Sin embargo, las circunstancias vividas hasta la actualidad indican que nada de esto será posible en tanto que la especial característica de independencia de los Tres Poderes democráticos sea socavada por gentes con la única pretensión de acaparar todo el poder. Más aún, tan alta realidad no será posible mientras en las instituciones investidas con tal carácter existan personas indignas, capaces de ignorar dicha prerrogativa sin miedo a las consecuencias. De hecho, a nuestro modo de entender, en una democracia, ninguno de los tres poderes independientes establecidos debería abdicar voluntariamente de dicha prerrogativa, a no ser por extrema violencia, miedo insuperable, o cobardía. Circunstancias que, presumiblemente, bien pudieran haber influido en casos determinados, cediendo ante quienes prefieren gobernar apoyándose en la coacción, el soborno, o cualesquiera otras formas de presión. Hechos estos que, sin considerarnos quién para decidir acerca de estas cuestiones, bien podrían ser obligados a abandonar lo más rápida y dignamente sus cargos, para dejar paso a profesionales más honestos y valientes, dispuestos a hacer valer por encima de todo la Justicia y la Verdad.

Muchas han sido las ocasiones en que la Santa Mano, gobernadora del universo, favoreció los destinos de esta España nuestra. Y muchos somos los que echamos de menos esos favores, que aliviaban las cuitas de nuestros abuelos haciendo a la vez crecer flores donde antes hubo abrojos. En cambio hoy, que vivimos en medio de la abundancia y nos permitimos tener y mantener mascotas de lo más exclusivo (intentando emular a las estrellas de Hollywood como si se tratase de auténticas deidades), ni siquiera somos capaces de ver nuestras propias miserias, debido a la ceguera que mantiene nuestra vida encadenada a los vicios.
Hora es, pues, de que tornemos a Dios, para que nuestra amada patria no sea maldecida para siempre. Hora de que nuestros pecados, yerros y transgresiones no nos acarreen el hundimiento definitivo, dejando toda aquella grandeza postrada a los pies del perverso enemigo. Èse es el deseo de todos los españoles de bien. Un beneficio que sólo puede provenir del trabajo y la abnegación de personas regias y rectas, con autoridad y honor suficientes para evitar que un cualquiera pueda arredrarles en cometidos tan específicos como lo es garantizar leyes auténticamente justas para todos. Valores estos de los que siempre hizo gala el buen hacer y el honor de los hombres y mujeres de nuestra Historia. Porque, como dice San Juan: “Quien ama la Justicia, ése es hijo de Dios; en cambio, el que odia a su hermano, ése no es de Dios”.

