
La segunda de la feria vallisoletana pasará a los anales taurinos por la sencillez de entrega, pasión y temple de un joven torero de Salamanca que se llama Manuel Diosleguarde frente a dos bravos toros de Victoriano del Río y el asiento y poderío del peruano Andrés Roca Rey, un diestro al que todos los toros le sirven para mostrar su raza de torero, su determinación, valor y dedicación tarde tras tarde, en cualquier plaza, en cualquier sitio.
Hoy se ha desatado la pasión entre la juventud de Valladolid que se tiró del tendido al final de la corrida para sacar en volandas y entre aclamaciones y gritos de “¡toreros, toreros!” a Roca y Diosleguarde por la puerta grande de la Plaza, con la sonrisa de oreja a oreja y el orgullo de haber visto una corrida de las que quedan grabadas en la memoria para siempre.
El Director de lidia, Alejandro Talavante, no tuvo su día ni con los toros ni con las telas ni con los aceros. Tirando líneas frente al primero de la tarde, despachado con una varita, que propinó dos sustos a sus banderilleros tras clavar los rehiletes y que en su faena de muleta mostró un par de naturales de cadencia pero sin conjugar, Talavante se fue en silencio de la plaza de Valladolid y con rictus de contrariedad y lo que le faltaba al buen torero pacense recibiendo tanto él como el toro, pitos y música de viento con el que cerraba comparecencia.
Y llegó el turno de Roca Rey que saludó de forma brillante al primero de su lote y remató con un quite valeroso y arriesgado. Pese a recibir un pisotón del toro que le produjo cierta cojera por momentos, el peruano, sacó su raza y su poderío estrujando al toro, parándolo, templándolo y mandándolo con un valor seco, impresionante. Tanto que el toro se vio podido y se le rajó al diestro. Una estocada entera hasta la gamuza le valieron las dos orejas del burel mayorgano y la plaza se puso como un hervidero.
Y en esto que llegó Manuel a quien Dios guarde en su manera de entender y aportar frescura, decisión, sentimiento, tranquilidad, sosiego y espaciosidad en la faena que abrió en ambos toros con dos sendas portagayolas de expresión e infarto. No faltó una media extraordinaria al tercero de las llamadas de cartel completados los lances con un excelente capote en el quite mostrando su actitud y que venía a Valladolid a poner la plaza a revientacalderas, como así fue. Y lo demostró frente al sexto que cerraba corrida, brindado a la pareja de compañeros que completaban la terna. Sin arrugarse, con decisión, fe en lo que hacía y con una estética brillante, Diosleguarde dio en Valladolid una lección en el arte de torear, calando en el público que pidió con fuerza las orejas de sus toros, en especial la segunda del sexto que llegó a generar un grito unánime de la multitud exigiendo el galardón que injustamente no fue atendido por el Presidente Manuel Gutiérrez, impertérrito ante la demanda.
Manuel Diosleguarde es un torero con futuro más que cierto y claro, pues ha conseguido integrarse en un abanico de señalados para la gloria. Hoy en Valladolid, Manuel se ha coronado como torero señero y lígrimo de Salamanca.



FICHA DE LA CORRIDA
Valladolid. Segunda de Feria. Lleno. Se han lidiado seis toros de Victoriano del Río, bien presentados; cuatro bravos y encastados, aplaudidos en el arrastre y dos flojos y rajados (1º y 4º) para
Alejandro Talavante, silencio y pitos.
Andrés Roca Rey, dos orejas y oreja
Manuel Diosleguarde, dos orejas tras aviso y oreja con fuerte petición de la segunda.
Salieron Roca Rey y Diosleguarde por la Puerta grande entre aclamaciones
FOTOS: FERMÍN Rodríguez.










