Imprescindible Praga: la joya de la antigua Bohemia

by Ivan Morales

{…} Vine de lejos, desterrado, a contemplar sencillamente cómo de tu hermoso pasado se alza robusto tu presente» Rafael Alberti

DÍA I

Praga, capital de la antigua Bohemia y de la actual República Checa, sorprende por muchas razones. Su Ciudad Vieja (Staré Mêsto) conserva un encanto especial, pues ha permanecido prácticamente intacto a lo largo de los siglos. Esto se debe, en parte, a que fue uno de los primeros territorios ocupados por la Alemania nazi que no sufrió los estragos de una invasión devastadora, como ocurrió en otras ciudades europeas. Pero Praga no se limita a encantar a los amantes de lo histórico; la Ciudad Nueva (Nové Mêsto) deslumbra con la vanguardia de algunos de sus edificios más emblemáticos, la modernidad de su transporte y el arte contemporáneo —en ocasiones transgresor— de numerosas esculturas callejeras, muchas de ellas obra del artista checo David Černý.

Nos alojamos en un hotel cercano a la Plaza de Wenceslao, símbolo de la resistencia checa durante la Primavera de Praga y uno de los principales escenarios de los enfrentamientos de la población frente a los tanques soviéticos durante la invasión de la antigua Checoslovaquia entre enero y agosto de 1968 por parte de los cinco países del Pacto de Varsovia (entre ellos, la antigua URSS).

Nuestra primera parada fue la Plaza de la Ciudad Vieja, sin duda alguna uno de los lugares con más alma de la ciudad junto al Puente de Carlos. Plagada de turistas que, cual abejas, liban los productos típicos -desde ricos dulces hasta su famosa cerveza- que ofrecen los puestos que salpican este bello entorno, la plaza aún sigue destilando un encanto especial de tiempos pretéritos cargados de suerte y prosperidad. Todo ello bajo la vigilancia de la imponente Iglesia de Nuestra Señora de Týn, con sus dos fantásticas torres góticas que parecen sacadas de un cuento medieval y que continúan observándolo todo. A pocos metros de allí, se encuentra la Iglesia de San Nicolás, que bien merece una visita por su preciosa nave central iluminada por una majestuosa lámpara de cristal y un ábside ricamente decorado con coloridas pinturas religiosas en su parte superior.

Caminando en dirección al Puente de Carlos se sitúa -en la fachada del antiguo ayuntamiento- el Reloj Astronómico, que aún marca las horas y los minutos desde comienzos del siglo XV. Tras recorrer la calle Karlova, otras de las arterias principales de la capital, llegamos al Puente de Carlos, otro de los puntos importantes de la ciudad, limitado por dos impresionantes entradas custodiadas por grandes torres medievales de carácter defensivo en sus extremos y unas inmutables esculturas de piedra ennegrecida de gran tamaño a lo largo del mismo. Entre ellas, la famosa estatua inmortalizada en una sesión fotográfica de Anton Corbijn con miembros de la banda Depeche Mode en 1988. Pasear durante la tarde por su empedrado suelo mientras los rayos de sol acarician tu piel observando al mismo tiempo las embarcaciones surcando el río Moldava con el Castillo de Praga dominándolo todo en el horizonte es, sin duda, una experiencia inolvidable. Cenamos en U Glaubiku, una de las tabernas típicas del barrio Mala Straná -barrio situado al pie de la fortaleza-, donde disfrutamos de codillo de cerdo, costillas asadas y el goulash, una sopa servida en un pan hueco. Un cierre perfecto para nuestro primer día.

DÍA II

Con la energía renovada tras un buen desayuno en el hotel, comenzamos temprano el segundo día. Desde la parada de metro Můstek, en la Plaza de Wenceslao, nos dirigimos a otro destino ineludible en nuestro viaje: el Castillo de Praga. En el camino, nos llamó la atención las placas doradas que recuerdan a las víctimas deportadas durante la Segunda Guerra Mundial.

Durante nuestro free tour, guiado por Pablo, recorrimos brevemente los exteriores del castillo. Ya en el interior -después de atravesar una puerta custodiada por guardias con el uniforme diseñado por Theodor Pištěk, ganador del Oscar al mejor vestuario por Amadeus en 1985- nos impresionó por su amplitud su antigua plaza de armas. Al poco rato, visitamos la catedral gótica denominada Catedral de Praga o Catedral de San Vito. Este templo cristiano -dedicado al mártir San Vito quien, según la tradición, sufrió torturas y murió en la caldera- deslumbra al entrar por su magnífica nave central y por sus hermosas vidrieras -entre las cuales destaca la vidriera realizada por Alfons Mucha, que en su momento generó controversia-. Entre los detalles escondidos a lo largo del recorrido, destacan un maravilloso relieve de madera que representa las tensiones entre los católicos y protestantes a mediados del siglo XVII o los admirables escudos que abundan en la parte superior del altar mayor referentes a los distintos reinos que pertenecieron a los monarcas de la época. Junto a la catedral se encuentra el Palacio Real, con pasillos estrechos y salas históricas, incluyendo la sala donde se produjo la famosa defenestración (lanzamiento de dos gobernantes y a su secretario católicos por la ventana el 23 de mayo de 1618 por parte de nobles protestantes como respuesta a la política religiosa represiva de los Habsburgo en Bohemia). Continuamos por el Callejón del Oro, un conjunto de casas diminutas que parecen sacadas de un set cinematográfico, donde se encuentra la antigua casa de Franz Kafka (actualmente una librería).

La jornada terminó después de deambular al atardecer por los Jardines de Wallenstein admirando su variada flora y, al anochecer, tras pasear por el barrio judío -denominado Josefov- en dirección al lugar donde se encuentra la cabeza de Kafka de David Černý.


DÍA III

A primera hora de la mañana nos dirigimos en metro al distrito Hradčany para disfrutar de nuestra última parte del viaje. Allí pudimos explorar su fortaleza -con la ayuda de una aplicación de audio gratuita que ofrecía explicaciones sobre los distintos recintos, contemplar desde lo alto las maravillosas vistas del Moldava atravesando la ciudad y visitar edificios tan significativos como el cementerio donde descansan A. Dvořák y B. Smetana o la antigua iglesia de estilo románico que aún conserva una bola de cañón de la Guerra Prusiana.

Naplavka, junto al río, es un paseo turístico hasta, en nuestro caso, la Casa Danzante -otro de los símbolos de la modernidad del país-, donde abundan puestos de comida rápida, cerveza y antigüedades. Después de probar las delicatessen de uno de los restaurantes más famosos de la ciudad ´U Flecku´, hicimos otro alto en el camino esta vez en la cafetería Slavia, un amplio local de principios de siglo donde disfrutamos de un buen café y unos deliciosos trozos de pastel.

Para cerrar nuestro periplo en pascua, atravesamos nuevamente el Puente de Carlos, lleno de turistas y caricaturistas, para conocer in situ la calle más estrecha de la ciudad y, de regreso al casco antiguo, la iglesia de San Nicolás. Fin de otra inolvidable experiencia -con la mejor de las compañías- en el corazón de la vieja Europa.

2 comments

Ana 08/04/2026 - 15:09

Gracias por tu relato que nos acerca a esos destinos todavía sin conocer

Reply
Iván Morales 08/04/2026 - 18:51

Gracias, Ana. 😘

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