Trump y Milei en la ONU

por J.A. "GARAÑEDA"

Cuando todo el mundo tiembla ante la amenaza de quiebra generalizada de la paz mundial. Cuando el pensamiento se mueve en parámetros total y absolutamente absurdos y diabólicos, para arrastrar al mundo al desastre con fines egoístas, y ese “pensamiento” es denominado GLOBALISMO, en un intento de generar en nosotros una idea engañosa de lo que es el bienestar general. Cuando bajo esa sucia y putrefacta conciencia se pretende establecer el dominio total no sólo sobre la economía sino arrebatar el bienestar de los pueblos, implantando fácticamente, en la mente de las gentes, una opinión y un razonamiento únicos, robotizados. Cuando todo esto acontece, sólo cabe esperar que surjan voces críticas, constructivas y valientes en torno a la mentira. Esas voces hoy, en contra de lo que muchos hemos podido pensar en algún momento, se llaman Trump y Milei.

El discurso del Presidente argentino en la sede de la ONU fue un clamor moderado en favor de la razón. Contra todo pronóstico, Milei arguyó fiel y seriamente, además de tomando como referencia las tristísimas experiencias de la nación que lidera, aludiendo a los “traspiés” y jugarretas bancarias que el pueblo ha padecido a lo largo de los últimos cincuenta años. Un baúl bien ilustrado sobre las canalladas de los poderosos y de los amos de la economía usurera mundial, que expuso en aras de la verdad ante todos los compromisarios allí reunidos, a fin de despertar en ellos y en las más altas instancias de aquel organismo un compromiso serio y más límpido de cara a un futuro que todos los estados allí reunidos, a través de sus legítimos representantes, esperan.

Trump, en una línea también moderada, pero de tintes más firmes y, en ocasiones, un tanto amenazantes, se dirigió principalmente a aquellos países con los que estaba comprometido en algún conflicto. Circunstancia que, de continuar así, parece irresoluble. Y, en un deseo de dar a conocer sus intenciones, no tuvo pelos en la lengua al asegurar hasta donde estaba dispuesto a llegar si se obstinaban en seguir gobernando a sus súbditos bajo el látigo de una doctrina medieval y tiránica, comprometida más con la resolución de los problemas a través del miedo y el terrorismo, que por la razón y la libertad democráticas.

En un gesto de humildad, llegó incluso a reconocer sus errores en determinados momentos de su gobierno, al entender que a veces la ofuscación puede llevar a los gobernantes a ver los problemas desde un prisma erróneo. Lo que acaba conduciéndoles a tomar decisiones equivocadas, nada beneficiosas para el entendimiento y la resolución de cuestiones capitales para el mutuo entendimiento entre las naciones. En este sentido, lo que vino a aclarar es que la vía del terror jamás puede ser el camino para lograr una meta, por muy legítima que esta sea. Dijo dirigiéndose expresamente al pueblo palestino y más concretamente a la organización Hamas. Lo que dejó claro su compromiso de continuar apoyando la política israelí en todos los sentidos. Algo que, lógicamente, no propicia la tranquilidad de algunos de los estados miembros, mientras que a otros les satisface ampliamente.

Mas, el único error de Trump, al parecer deliberado (no sabemos por qué, pero lo suponemos: cuestión de influencias) fue acusar a Rusia de la guerra con Ucrania. Conflicto bélico que dura ya cuatro años y del que, según algunas noticias, EE.UU. tampoco es totalmente inocente, al pretender adelantar sus defensas antiaéreas en aquella zona.

Sin duda Trump ignora igualmente que aquella nación de la estepa siberiana puede estar destinada a ser el último bastión defensor de la fe cristiana en el mundo. Pero su temprana educación presbiteriana y su autodefinición como “cristiano no confesional” le impide ver con claridad algunos de los errores de los gobiernos de América. Sin embargo, quienes siguen empeñados en consolidar su progreso sobre la base de los conflictos bélicos se equivocan. O no. Ya que viven instalados en la paranoia del miedo frente a los valores positivos; y eso es lo que genera las guerras.

A este respecto debemos aclarar que el papa Pío XII consagró el mundo al Inmaculado Corazón de María en el año de 1942, en una Carta Apostólica. Y posteriormente, en 1952, lo hizo específicamente incluyendo a los “pueblos de Rusia”  (Estados que conformaban en aquel momento la Unión Soviética). Posteriormente, el papa Pablo VI, consagró a la humanidad e implícitamente también a Rusia al Inmaculado Corazón de María. Y en los años 1981/82, Juan Pablo II volvió a consagrar a Rusia y al resto del mundo al Inmaculado Corazón de María.

Por tanto, es la idea absurda de que Europa debe rearmarse, para protegerse frente a la amenaza rusa en lugar de cobijarse bajo la campana de los Estados Unidos de América, lo que supone un nuevo intento de contravenir los avisos sacros de la Virgen de Fátima para evitarle al mundo un sacrificio de vidas inútil, que sólo serviría para satisfacer las ansias desmesuradas del espíritu del mal, que habita en él. Además de otra de las grandes mentiras inventadas por quienes desprecian la Historia en lo que vale realmente. Sin duda olvidan que la escasa cultura que poseen ha sido adquirida de la sabiduría de los pueblos europeos. De modo que, tal vez por eso justifiquen continuamente su preponderancia armamentística como la plataforma sobre la que se asienta la seguridad y la paz.

Todo ello, no obstante, no implica pasar página y olvidar los errores que Rusia ha cometido a lo largo de su historia; tanto de la antigua como la reciente. Por tanto, nuestra opinión es que el desacuerdo entre las naciones representadas en la Cámara continuará, previsiblemente, reinando en el ambiente. Quizá un tanto a escondidas. Pero así son las cosas: para que unos sean conformes hay que dejar a otros con mal sabor de boca.

En fin, así son los asuntos y los negocios de este mundo, nunca llueve a gusto de todos. Recemos. Y esperemos que finalmente el entendimiento, el sentido común y la buena voluntad cundan, al menos en la mayoría.

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