
Lo de ayer en las Ventas de Antonio Ferrera es una acción teatral aplaudida por la mayoría del público de la plaza y aplicada a las diversas suertes del arte de torear que tiene sus filias y sus fobias como casi todo lo que se sale de lo habitual.
Ayer en Madrid Antonio Ferrera hizo hasta de picador en el sexto de la tarde de Adolfo Martín, un toro que hubiera correspondido a Paco Ureña, cogido en el primero de su lote. Incluso llegó al enfrentamiento con el Presidente de la Corrida porque éste no cambiaba el tercio a banderillas y el diestro le indicaba que el animal había ido hasta cuatro veces al caballo. Y todo en medio de un barullo de campeonato, con unos a favor del diestro abucheando al Presidente como no digan dueñas.
Este valeroso diestro, José Antonio Ferrera San Marcos, conocido en los carteles como Antonio Ferrera, nacido en Baleares pero hecha su vida en Badajoz, por lo que se le considera pacense, ha llevado el arte de torear a una manifestación teatral en donde hasta las mariposas del traje de luces, los colorines del capote de brega, las acciones de cabalgar como picador sin castoreño, entrar a matar al paso desde larga distancia con la pañosa al hombro son acciones adoptadas por él en esa representación mundana ante el público de los toros, pero que cuando menos desatan extrañeza en aquellos que ven la liturgia taurina bajo un punto de vista tradicional.
Ayer en Madrid, Ferrera salió por la puerta grande tras su intervención en la lidia hablando más al sentimiento y a la pasión que a la racionalidad propia del arte de torear, poniendo en la arena de la plaza una actuación más cercana al teatro pasional y reactivo que a la seriedad de una forma de practicar el arte de Cúchares.

