El día 26 de Abril se cumplirán 89 años del fatídico bombardeo de Guernica. Un suceso lamentable de la Historia de España que ha sido y continúa siendo en la actualidad motivo de controversia en muchos escenarios sociales de nuestro país. Un triste acontecimiento que, además, sigue siendo utilizado como arma arrojadiza por parte de un sector político, empeñado en mantener el odio vivo en el seno de esta España nuestra, dividida una vez por motivos sectarios, electoralistas, y de claro encono hacia una forma de pensamiento diferente. No obstante, y sin ánimo de entrar a valorar las causas que provocaron el hecho en sí mismo, me atrevería a aseverar que no serán estos los últimos renglones que se escriban acerca de día tan nefando. Como también que, muy probablemente, no sea el último “latrocinio” que un escritor cometa al comentar algunos de los aspectos que ciertos aprovechadores de ocasión han dado en denominar “memoria histórica”, únicamente con el espurio deseo de malversar las mentes de tantos como instrumento de rentabilidad fija, políticamente.
Indagar por ello dónde puede situarse la verdadera realidad de una obra pictórica tan magnificada como el Guernica, no deja de ser siempre un reto, un desafío que, al tiempo de estimularnos en tanto que seres humanos, nos ayude a descubrir lo auténticamente cierto de las cosas de naturaleza mundana, sean las que sean.
En el caso que nos ocupa, cabe señalar que las versiones que de este asunto nos llegan son encontradas. Y para ello, nada mejor que poner ambas en contraposición, de forma que el rigor analítico no quede en entredicho. Aunque ello siempre pueda suponer, nos guste o no, un tanto utópico.
La primera interpretación se postula categóricamente en favor de que, el tan traído y llevado cuadro del pintor malagueño, “Gernica”, se halla inspirado en el bombardeo de la localidad donostiarra del mismo nombre; por lo que supone “un alegato universal contra la brutalidad de la guerra y el sufrimiento civil”. Quienes intentan defender este relato se valen, en principio, del estilo cubista que el autor utiliza en sus trazos. También en resaltar la importancia de los colores: blanco, negro, grises… Y algunas figuras alegóricas: la bombilla que aparece en la parte superior de la composición, una madre que llora su hijo muerto, un caballo presuntamente agonizante, un toro impasible, etc. Y con todos estos elementos tratan de establecer una comparación lógica a propósito del horror que supone la guerra en general.
Sin embargo, a nuestro modo de ver, esta opinión únicamente pone de manifiesto el interés por hacer prevalecer una idea determinada por encima de cualquier otro aspecto o realidad contrastados, con el fin de convertirla en un concepto ideológico incontestable. Sin embargo, se trata más bien de una opinión un tanto anacrónica. Sobre todo si tomamos como referencia los elementos que cobran vida en el lienzo y su indiscutible relación de temporalidad con una de las aficiones más destacadas de Picasso, la tauromaquia. Dicho lo cual, de algún modo y sin ningún tipo de duda, nos obliga necesariamente a situar el momento de ejecución de la obra fuera del contexto de la guerra civil. Aspecto este en el que coinciden además opiniones nada sospechosas de personas contemporáneas al pintor, Picasso, las cuales tuvieron la oportunidad de compartir con él momentos en los que la realización de la obra estaba incipiente, años antes de que el estallido de la guerra tuviese lugar. Nos referimos concretamente al artista José Luís Galicia, personaje nacido en Junio de 1830, de 95 años de edad y gran amigo de Picasso. Persona asociada a la sociedad Unión de Bibliófilos Taurinos, y que, por su amistad con el artista, tuvo además la oportunidad de actuar como mediador para lograr que el autor accediera a que el cuadro regresara a España desde Nueva York. (reportaje televisivo de Tendido Cero, TVE, año 2023).

La otra interpretación sobre el Guernica de Picasso nos viene precisamente de la mano de este mismo medio. De tal manera que, en ella, José Luís Galicia manifiesta: “…el lienzo ya existía con anterioridad al hecho de que el gobierno de la 2ª república hubiese solicitado el encargo…”. También y como aclaración al hilo de su comentario, el invitado añadió la circunstancia de haber tenido la oportunidad de contemplar en su taller, siendo todavía niño, los bocetos previos de la obra en cuestión, así como la posterior adaptación al trabajo definitivo.
Por consiguiente, y según tales manifestaciones, la duda sobre si la obra de Picasso tuvo como germen la muerte de una gran figura del toreo, como consecuencia de una cogida, el 13 de Agosto de 1934, en la localidad de Manzanares (Ciudad Real), queda, en nuestra opinión, totalmente disipada. El maestro finado tenía en aquel momento 43 años de edad. Y no cabe sino imaginar otra cosa dada la idiosincrasia el pueblo español en general, heredada de toda la tradición cultural taurina; como también el modo en qué impactó en dichos ambientes taurómacos y, muy principalmente, en el alma del propio pintor. El cual, a pesar de confesarse ateo y unirse al Partido Comunista francés en 1944, muestra en la iconografía de su obra rasgos evidentes de una cierta influencia cristiana, adquirida incuestionablemente de aquella educación que recibiera de sus padres durante su niñez pero que abandonaría posteriormente en su mayoría de edad.

De igual manera, el hecho de la muerte del diestro Sánchez Mejías dejaría notoria huella en otros foros, como el literario. No en vano, Lorca, manifestaría públicamente su dolor, expresado a través de la composición poética Llanto por la muerte de Ignacio Sánchez Mejías.
Únicamente nos queda analizar, sino todas y cada una de las que aparecen en la composición pictórica, al menos aquellas figuras que consideramos más importantes. Y hacerlo obligatoriamente tratando de establecer un cotejo entre lo que el artista trata de expresar, o dar a entender, en su composición y la realidad instintiva del momento de inicio de la misma. Sólo así será posible establecer una interpretación sino segura, al menos justa acerca de la verdadera intención del autor, dejando de lado cualquier tipo de animosidad o inclinación partidista o ideológica, evitando así contaminar o desvirtuar la realidad del momento. Por ejemplo:

El toro y el caballo: se ha discutido mucho sobre el significado que estos animales puedan tener en el lienzo de Picasso. Incluso se han atribuido al propio autor frases como “simbolizan la brutalidad y la oscuridad”. Sin embargo, en una entrevista llevada a cabo por la revista New Masses con fecha 13 de Marzo de 1945, tras ser preguntado sobre ello por su entrevistador americano Seckler, Picasso respondió: “este toro es un toro y este caballo es un caballo (…) Por supuesto, son símbolos. Pero (…) para crear símbolos mejor sería escribir un montón de palabras en lugar de pintarlos. El público que contemple el cuadro debe ver en el caballo y en el toro símbolos que deberán interpretar tal y como los entiendan.”
El hombre caído: respecto a esta figura, la explicación más común entre el pensamiento socialista de la época viene referida al sacrificio humano. Aspecto este que no deja de llamarnos la atención, pues si tomamos como referencia la trayectoria que han llevado gran parte de los líderes de esta ideología política a través de la Historia, no podemos obviar la gran cantidad de actos abyectos en los que han intervenido contra la humanidad.
Por este motivo, y pese a que, como ya hemos aludido anteriormente, es más que probable que Picasso, guardando memoria en su interior de aquella influencia católica que recibiera de sus progenitores, de algún modo contribuyese en él cierta necesidad de no verse abiertamente comprometido en el hecho de que su obra fuese contemplada como la expresión directa e innegable de una idea recalcitrante, como la comunista.

La bombilla eléctrica con tulipa: quizá sea el elemento más destacado de la composición pictórica. Algo que, incluso estéticamente, rompe con el resto de la iconografía; al mismo tiempo que resulta difícilmente explicable. Sus interpretaciones son múltiples: desde una identificación con el “…Helios mitológico bella personificación de Daimon…” rodeada de picos a modo de corona, hasta esa “…cierta sacralidad de un universo alegórico.” Siendo en esta última interpretación con la que más coincidimos. Pues, a nuestro modo de entender el cuadro, este elemento se nos antoja más bien como una especie de abstracción estelar y del deseo del autor por expresar a la vez esa idea de universalidad contenida en el astro sol, dominante sobre todo el conjunto de bienes y males que aquejan al mundo, pero siempre capaz de trasmitir esa visión semioculta de esperanza que todo ser humano necesita para continuar avanzando. Un concepto invisible pero cierto, que debiera habitar en toda alma humana, pese a la tragedia que supone la vida, en general.

Así pues, no podemos compartir esa visión apocalíptica que supone la guerra en el mundo, representada según algunos en la obra picassiana. Y menos aún a través de una idea de conveniencia o de un interés específico manifestados por una ideología política muy concreta en un momento determinado de nuestra historia reciente. De la misma manera que es posible entender que el propio artista, aun confesándose adicto a esa ideología política, intenta huir, como autor, en todo momento de cualquier adhesión al capricho morboso de quienes intentan convertir la obra en un icono que, de manera sutil, demonice a un sector específico de la sociedad española de la época, hecho este que, “libera” en todo caso al propio Picasso de esa responsabilidad, pero que al mismo tiempo le convierte en cómplice involuntario de un modo de pensar y obrar, manifestado por quienes llevaron a cabo el encargo de la obra pictórica.
Por lo que respecta al precio acordado por su realización, añadir que Picasso cobró 150.000 francos de la época (1937). Aproximadamente entre 1.950.000 y 2.850.000 pts., teniendo en cuenta que la equivalencia de la peseta por aquellas fechas respecto al Franco francés se hallaba entre 15 y 19 pts. Cifra que nos parece desorbitada pero que, según otras opiniones, fue absolutamente simbólica.
Queda aclarar no obstante que el autor se negó en principio a aceptar cantidad alguna como pago por la obra realizada. Si bien acabó finalmente aceptando el dinero, pero únicamente “…en concepto de compensación a los gastos…” que había tenido que llevar a cabo en su realización. Lo que, de algún modo, le autocalificaba. Pero este es un aspecto personal en el que no vamos a entrar. Sólo en aras de la libertad de pensamiento y de expresión.
Por último, añadir que, fuese como fuera, la auténtica “verdad” es que la cuestión de si el Guernica fue o no fue, simboliza o no simboliza, es icono o no de algo, sigue siendo una incógnita que, por mucho que pretendamos descifrarla, siempre quedará en entredicho. De modo que la controversia queda en la trastienda. Tal vez los más entendidos en este tipo de entuertos descubran el misterio que un día quedó condenado a servir de polémica entre los españoles de un lado y de otro. Ojalá lo que hoy parece una realidad irreconciliable se convierta en algún momento en un abrazo sempiterno.
FUENTES:
https://guernicamitoeicono.blogspot.com/2013/05/el-toro.html.
Mundo Taurino, 24 noviembre 2025, Jose María Moreno.
Entrevista a José Luís Galicia, R.T.V.E., año 2023.http://ubte.es/colaboradores/

