Muere el ganadero de Matapozuelos TRIFINO VEGAS, DEP

by Jesús López Garañeda

El ganadero vallisoletano Trifino Vegas falleció el pasado 31 de marzo, a los 87 años de edad en la localidad de Medina del Campo. El funeral se celebraró en la parroquia de Nuestra Señora de Santa María Magdalena, en Matapozuelos, municipio estrechamente ligado a su trayectoria profesional.

Vegas fue propietario de una conocida ganadería de reses bravas en Isla Brava, en Matapozuelos. Su vacada, de encaste Santa Coloma, se consolidó durante más de 20 años como una de las referencias en este hierro dentro de Castilla y León.

El cierre de la ganadería supuso el final de una etapa significativa en el ámbito taurino regional. La explotación cesó su actividad tras el envío al matadero de más de 400 reses, poniendo fin a una trayectoria marcada por la dedicación al campo bravo, en un día triste para la historia ganadera de Valladolid.

Trifino Vegas mantuvo siempre una estrecha vinculación y colaboración con los alumnos de la desaparecida escuela Taurina de Rioseco que dirigía Justo Berrocal, a los que siempre daba más de un tentadero en su placita de la localidad vallisoletana.

DEP, Trifino Vegas y nuestro pésame a su esposa María Jesús y al resto de la familia y amigos.

Trifino Vegas en «isla Brava» -Matapozuelos-. Foto: Jesús López Garañeda

ESTE RECUERDO ESCRIBÍ CUANDO SUS RESES FUERON LLEVADAS AL MATADERO un 3 de diciembre de 2010.

«Las cuatrocientas reses bravas de Isla Brava en Matapozuelos, entre sementales, toros, novillos y vacas han sido llevadas al matadero y procedido a su sacrificio como consecuencia del vaciado sanitario ganadero por causa de la tuberculina, enfermedad que se había extendido en estas reses que, además no eran de excesivo agrado para los toreros. El encaste de Santa Coloma, de Buendía y Martínez Elizondo con que empezó su andadura Trifino de Matapozuelos ha desaparecido para siempre de la faz de esta Villa vallisoletana.

Trifino Vegas que cuenta con casi ochenta años, dobladas las espaldas y arqueados los huesos como consecuencia de los años de trabajo en el campo, además de otras dificultades, a las que se une sin duda alguna que ninguno de sus hijos haya seguido con las labores ganaderas, ha sopesado la situación y efectuado lo que mejor le viene a él mismo en estos momentos.

Su esfuerzo por estar en la Asociación de ganaderos de bravo ha estado marcado por vaivenes, altibajos e idas y venidas más próximas al trabajo esforzado de cada día por cuidar sus animales, que por el resultado en plazas y ferias de sus toros, más queridos por el torero de fortuna o de talanquera que por el denominado profesional o de montera.

Ha llegado el final de otra ganadería más en la que, casualidades de la vida, casi siempre pertenecen al encaste de Santa Coloma. No obstante, como los duelos con pan son menos, en estos vaciados, al precio de la carne se añade el estipulado por la aportación de la institución ganadera de la Junta de Castilla y León, con lo que los titulares de las ganaderías que practican dicho final de sus reses perciben una cantidad mayor que la que entregan las industrias cárnicas por adquisición de las canales. En fin, no es nuestro cometido, de momento, analizar aquí todas las causas del final de una explotación ganadera de bravo. Tristeza sí, para los melancólicos, y esperanza también para buscar el saneamiento de la cabaña brava española.

Y en el recuerdo, los momentos pasados en Isla Brava con los chavales que querían ser toreros, tentando las reses cárdenas de Trifino Vegas.«

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