Hoy estaba preparando un artículo sobre colombofilia. Sin embargo, noticias inquietantes llegadas a mis oídos me han dispuesto en otro sentido. Se trata de manifestaciones que hacen referencia no sólo a la lamentable situación en que se encuentra un antiguo e histórico edificio de Tordesillas, el Círculo Católico Obrero, conocido por todos los habitantes de esta villa como El Católico, así como también de las iniciativas o proyectos que, según parece, vienen manejándose en relación con el futuro del mismo.
Las “malas lenguas”, haciendo una tímida alusión en este sentido, nos trasladan su preocupación al intuir que, según el conocimiento que poseen acerca del estado en que se encuentra la cosa, no parece haber visos favorables de solución. Antes al contrario, auguran lo peor.
Idéntica sensación nos es trasladada por un segundo conducto, de otro vecino de la localidad, quien, comentando esta misma cuestión, nos aclara que ya hubo en su momento intención de dar una salida airosa a este asunto. Sin embargo, las propuestas no prosperaron, pues al parecer existía por parte de alguien cierto ánimo aversivo hacia la continuidad del mantenimiento y existencia de dicho edificio.

Puestos a analizar la cuestión detenidamente, en nuestra humilde opinión todo nos hizo sospechar que, de no existir un claro deseo de continuidad hacia dicho inmueble (claro referente histórico de la actividad social católica y obrera relacionada con la villa en siglos pasados) por parte del consistorio, o de sus componentes varios, en cuanto a partidos políticos se refiere, o quizá por parte de instancias superiores (lo cual sería mucho más grave), todo apuntaba a la posibilidad de que, tras este asunto, cupiese una oscura pero manifiesta intencionalidad. Todos sabemos que, cuando tal sucede, es muy probable que el desacuerdo esté basado en aspectos inmobiliarios, siempre contrarios, como no puede ser de otra manera, al mantenimiento de tales edificios, y sí totalmente favorables a su desaparición por motivos obvios. Sin embargo, en estos momentos no estamos refiriéndonos a una edificación ruinosa, sino en un estado necesitado de reformas, debido a lamentable estado, como alguien ha señalado. Pero, ¿a quién achacar esta triste situación? En principio cabe suponer que todo es únicamente responsabilidad de la administración local que, en buena lógica debería responder de su mantenimiento y conservación. Y, de no poder hacerlo por falta de medios, debería llevar a cabo los trámites administrativos precisos ante las instituciones pertinentes para recabar aquellos que fuesen necesarios para efectuar las reparaciones o trabajos que fuesen necesarios de cara a su restauración y buen uso. Nos referimos, como es natural, a la Junta de Castilla y León; o, en todo caso, a Patrimonio Nacional quien, a buen seguro, no echaría en saco roto la solicitud, pues se trata de un bien social y cultural con antigüedad suficiente como para recabar su inclusión, si fuese preciso, en el catálogo de la institución. De este modo evitaríamos que el progresivo deterioro de sus instalaciones continuase, en lugar de dejar transcurrir el tiempo miserablemente aguardando el momento en que se hundiese y así poder trapichear con el terreno como mejor conviniese. Un espacio que, a día de hoy y en opinión de algunas personas, carece de propietario. Cuestión esta que facilitaría enormemente el traslado del inmueble bajo la tutela de Patrimonio Nacional.

Además, tengamos en cuenta que el edificio se halla ubicado en un área exclusiva de la villa. Una zona que en su momento formó parte del recinto conocido como jardines de palacio, en tiempos de Pedro I y posteriores. Por lo que no recuperar el Círculo Católico Obrero de Tordesillas supondría en estos momentos un desdoro más para la villa, ya demasiado castigada por las aberraciones administrativas y ataques indiscriminados cometidos jurídicamente en todo tiempo contra nuestro patrimonio histórico.
Permitir, por tanto, que un bien que fue durante tantas décadas centro social en beneficio de nuestro pueblo desde el siglo XIX desaparezca no es sino un hecho lamentable más, que dice muy poco de la disponibilidad de los tordesillanos para atender a la defensa de su patrimonio histórico. Ya fue suficiente con que en tiempos pasados nos privasen de un puente romano esplendoroso, al que se privó estúpidamente de un portazgo único, símbolo de los tiempos medievales, para ensanchar su paso, en lugar de haber reclamado la construcción de un nuevo puente en otra ubicación a lo largo del Duero. Ya fue suficiente con permitir que la muralla que circundaba la villa fuese esquilmada poco a poco para edificar viviendas particulares, en lugar de tomar medidas precautorias contra el pillaje. Ya fue suficiente con permitir que algunas personas edificasen sobre los muros exteriores de la Torre de Sila, símbolo y guarda de una de las puertas de acceso a la villa. Ya fue suficiente con dejar que sucumbieran al abandono y acabasen siendo pasto ruinoso templos que en su día eran lugares de culto y edificios de alto valor arquitectónico, para “adornar” corros y plazas que recuerdan el mal hacer de nuestros gobernantes. Ya fue suficiente con permitir que se levantasen edificios de viviendas de más de tres plantas anejos a iglesias románico-góticas, y en pleno centro del casco histórico de la villa, que rompían estéticamente con su uniformidad callejera. Ya fue suficiente con permitir que hospitales como el de peregrinos, en pleno centro histórico, permanezcan en una situación tan de absoluto desamparo; lo que es completamente criticable, tanto en lo que se refiere a los responsables políticos de la villa como a aquellas otras instancias eclesiásticas que, desde hace décadas, sólo se preocupan de llevar una vida de relajo y mundanidad despreciables. No más silencio frente al crimen continuado contra nuestra filantropía más destacada. Ya está bien de callar y soportar el hecho de que nos priven de ejercer nuestro derecho a disfrutar de nuestras tradiciones y costumbres más ancestrales, producto de la idiosincrasia que nos identifica como lo que somos, castellanos de pro. Así se nos paga por nuestro silencio y pasividad. ¡Ya está bien!

En la actualidad, el edificio del Círculo Católico permanece cerrado y sin solución de continuidad. Todo indica, pues, que no existe proyecto alguno para la restauración del mismo. Un indicativo más de que la “mano negra” que se cierne inevitablemente sobre este icono socio-cultural de nuestra villa sigue viva y dispuesta a cargarse lo que sea necesario con tal de deshacernos de otra joya de nuestro pasado más reciente. Un blanco más para quienes persiguen hacer inversiones fáciles y seguras sin ningún tipo de riesgo, como consecuencia de la ineptitud y perversidad de las administraciones gubernamental y autonómica, que cierran los ojos ante la posibilidad de entregarse a otros fines más interesantes.

Amigos y convecinos: hagamos algo. Evitemos que se continue esquilmando nuestro patrimonio histórico. Erijámonos, cada uno de nosotros, en lanzas incruentas, reclamando la permanencia de nuestra identidad y de nuestra Historia. No hay peor mal que la ignorancia frente a los siete pecados capitales. Ante tanto despropósito la pluma inquieta de esta, mi humilde mano, siempre estará dispuesta. Para hacer leña de cuantos enemigos se muestren prestos a perjudicar nuestros justos intereses como pueblo. Siempre me hallarán en frente de ellos. Pues, pese a no haber nacido en esta villa, me siento tan unido a esta tierra como el ombligo de un recién nacido a su madre.


