«Y ahora van los grandes. La gran orquesta municipal de Tordesillas. Estamos a la puerta de mi tío Pedrito Sevilla», dejaba en una grabación un «spiker» aficionado a recoger las incidencias del momento. Era la hora de la Diana, aquel comienzo de la jornada peñera que traía los primeros rayos de sol cuando estos empezaban a calentar la mañana.

Y luego, al llegar la tarde, la concurrencia en la plaza mayor para ver los toros, cuyo paseíllo abre el correllaves y cierra el arrastre, hacía que las miradas se centraran en los protagonistas de la novillada, los dos toreros contratados por el Ayuntamiento, entidad que además celebraba las fiestas sin soltar un duro del presupuesto, antes bien recibiendo el importe de la subasta de las portadas en cantidad más que suficiente de dinero para salir económicamente airosos del encuentro y pagar todo el sarao de la peña.
Fijaos en la fotografía de principios del siglo XX, hacia 1917, cómo el sobrepeso de personas en el tablao alto de Santa María cimbreaba los palos, aunque sin llegar a romperse. Cuestión que ahora necesitaría un análisis sindical viable y estudio técnico de seguridad e higiene en el trabajo, además del seguro de responsabilidad civil «por si acaso».
Y los grandes en la otra fotografía: Los hermanos Campos Julián y Mariano; Tasio y Pepe, los carteros de inolvidable recuerdo, mientras con gorra detrás es Félix Sigüenza con sus instrumentos musicales con los que amenizaron tantas veces las fiestas de la Peña, cuando aún no había ni altavoces acústicos.
Aquellas peñas del ayer todavía viven en el recuerdo de cada persona.
(Luego vendrían Sergio Rodríguez, padre e hijo, y en la actualidad Jesús Carnicero «fersun» arreando por el micrófono la música de la peña…personajes que no debemos olvidar).




