Existen en España gran cantidad de municipios y entidades de diverso tipo que, a lo largo del año, convocan certámenes literarios (novela corta, poesía, relatos y microrrelatos, cuento, etc.) con el ánimo de extender la afición a la lectura a todos los niveles. Gran parte de ayuntamientos, en todas las provincias de nuestra geografía peninsular e insular se suman desde hace años a esta iniciativa, poniendo así de manifiesto su compromiso con la misma. Algo que hace que cada una de esas localidades desprenda, como no puede ser de otra manera, un halo de interés hacia quienes, profesionalmente o como aficionados, dedican una parte importante de su tiempo a esta actividad.
En nuestra provincia, Valladolid, contamos con muchas localidades que, sumadas a este deseo de impulsar esta afición por la literatura y las letras, forman parte de ese cúmulo de ayuntamientos comprometidos en el calendario nacional de premios. Galardones y recompensas al esfuerzo demostrado en este campo que, los adictos a la pluma, agradecen enormemente, pues para ellos supone un aliciente añadido al placer que se siente cuando se escribe.
Nuestra localidad, Tordesillas, con toda su historia a cuestas y pese a hallarse comprometida con otras actividades educativas (deporte, bailes tradicionales, festejos taurinos, etc.) no cabe duda de que se halla entre las que más aceptación tienen por parte de todos, pero carece, por el momento, de ese estímulo que, quienes escriben, aunque sea de mala manera, se sumergen cada jornada en ese océano infinito que ofrecen el papel y la pluma. Y, la verdad, se echa de menos. Pues, si el resto de esas otras actividades que hemos mencionado tienen, por lo general, buena acogida entre lugareños y foráneos, el hecho de carecer de una apuesta tan importante como es la de llamar la atención de autores grandes, medianos y pequeños nos deja fuera de juego. Algo tan sencillo de evitar como sería convocar cada año un certamen literario. Un aporte más que, sin duda, proporcionaría a nuestra localidad un caché diferente en orden a eliminar, en gran parte, la negativa y pobre opinión que muchos poseen de nosotros como pueblo, ya demasiado castigado por quienes, por oscuros intereses, se han dedicado a vapulear por arriba y por abajo nuestra buena fama castellana. Hasta el extremo de lograr que se nos privase de uno de nuestros signos más identitarios.

Hoy, bajo este calor asfixiante que nos obliga a refugiarnos bajo techo para no perecer abrasados, o deshidratados, quienes sentimos ese deseo incontrolable de escribir, sobre lo que sea necesario, sin eludir la necesidad y responsabilidad de llamar la atención de aquellos que pueden aportar con su apoyo más luz a este compromiso, despertando afanes nuevos entre nuestras gentes, me he dejado llevar por el amor que siento hacia nuestra villa. Y también, para qué ocultarlo, por esa pasión que siento desde mi niñez por la literatura. Algo que me transporta y me llena de satisfacción, haciendo que, de alguna manera, me sienta también importante entre las gentes de la villa tordesillana. Y algo también que agradezco y necesito interiormente, a fin de demostrar que mis palabras no son vanas.

Espero y deseo que esta llamada de atención sirva para que, quienes tienen la obligación moral y política de velar por nuestros intereses, tanto históricos como culturales de cualquier tipo, acojan de buen grado esta nuestra propuesta. Y que se comprometan firmemente en llevar a cabo la creación de uno o varios (quién podría imaginarlo) premios literarios en nuestra villa. Algo que hace que nos preguntemos a menudo: “Y, lo literario, ¿para cuándo?” Tordesillas merece un galardón más que la haga brillar en medio de tanta oscuridad mediática. Y sobre todo porque viene dejando un tanto coja la villa desde hace muchos años, negándonos a todos esa “lluvia” que, a nuestro modo de ver, necesitamos como agua de mayo.

