
Mira que hay un ramillete de toreros que guardan en sus entrañas el mejor arte de torear, con la verdad por delante, el deseo y la fuerza de su naturaleza aupando las ganas de sobrepasar ese límite en el que viven solo unos cuantos elegidos.
Ayer tarde en Madrid frente a una corrida de Alcurrucén, tres titanes esforzados del toreo, Fortes; David Miranda y Víctor Hernández pusieron el listón en un nivel poco conocido por desacostumbrado en las tardes de toros de esas plazas del viento. Y por encima de todo, su lealtad, su fe y su entrega sin cortapisas y de verdad, pese a las llamadas de atención de quienes se creen pontífices máximos de la sabiduría en Tauromaquia.
David de Miranda, el torero de Huelva, ese que retrata FERMÍN en una de las plazas por las que le hemos seguido en su periplo, fija la mirada de esperanza y lealtad a su profesión.
A David ayer le voceaban «pico», «pico» los pretenciosos sabios del tendido 7, ese que acoge viejos resabios y modales fuera de lugar en más de una ocasión, cuando lo que estaba haciendo el torero en su faena era jugarse la vida abiertamente, sin alharacas ni ventajas, con valor, sentimiento y entrega, tal vez no conjuntada con una técnica depurada, pero sin mentira alguna.
Y es que cuando no se quiere ver lo que es evidente, por mucho que se exponga, los ojos seguirán cegados a causa de la incomprensión.
A mí personalmente David Pérez Sánchez, David de Miranda, ayer me acercó de nuevo junto a sus compañeros a la verdadera intención del arte de torear, dominar, parar, templar y mandar en la embestida de un toro bravo. Lo demás alharacas de olvido temprano.

