Sin ánimo de resultar irónico o mordaz he de decir que, quizá, el concepto más utilizado en la palestra política de cara a la opinión pública y desde que comenzaron a aparecer las trampas contra el poder judicial, las fechorías económicas de todo tipo, y otros desmanes de los que no quiero acordarme, sea el tan cacareado “PACTO DE ESTADO”. Una expresión que, como si no tuviera importancia alguna, es manejada a menudo entre nuestros dirigentes socialistas, como si se tratase de pan para mojar. Frasecita esta que queda muy bien de cara a la galería, pero que carece de chicha, al igual que un bocadillo de pan con nada entre ambas mitades.
En este sentido, hemos de aclarar que, existe igualmente entre los españoles una expresión similar que, sin tener nada que ver con lo político, tiene muy mucho cuando se trata de impresionar a la otra parte. Esa expresión es: “Toma pan y moja”. Locución elevada a su máximo valor cuando vemos pasar ante nuestros ojos una mujer guapa y bien proporcionada, dando a entender cuanto cualquier hombre pudiera desear en el terreno amoroso.
Sin embargo, en esta ocasión no nos referimos a la belleza plástica de las féminas, sino a lo bonito que queda ante el pobre populacho que ve de qué forma tan infame sus bosques, sus montes, sus paraísos vegetales y sus parques nacionales arden un año tras otro sin que nadie, excepto ellos mismos, hagan absolutamente nada por evitar tamaña catástrofe ecológica.
Uno tras otro, los títeres del gobierno de Sánchez, o de cualquier otro Jefe de Gobierno, aparecen ante las cámaras de los medios de comunicación aguardando a que las pobres gentes que viven del campo les rodeen para soltar esa puñetera frasecita, “necesitamos un PACTO DE ESTADO”, para así acallar las incesantes reclamaciones de quienes ven de qué modo se les engaña mientras pierden sus casas, sus pequeñas haciendas, sus ganados y, en definitiva, sus vidas. Porque en consecuencia de eso se trata, de proteger el medio de vida que las familias de nuestra geografía poseen en un porcentaje mayoritario, dado que forman parte del más extenso conjunto de producción en tanto que sector primario. Además de lo que representa una parte esencial de nuestro patrimonio natural.

Los incendios, en su mayor parte (casi un 90% si no más) son provocados; y los encargados de resolver este gravísimo problema continúan engañando a nuestras gentes más sencillas y trabajadoras con esa mágica frase sin ningún sentido; pues si bien es cierto que en circunstancias como las que padecemos año tras año, ello sería lo más deseable, los puñeteros representantes de la gestión política española continúan sin ponerse de acuerdo ni siquiera para mear. Y todo por ese amor exacerbado a la ideología, al sillón, o vaya usted a saber. Porque en estos momentos uno ya no sabe muy bien cuál es el pie del que cojean nuestros mandatarios.

Sea como fuere, las medidas no llegan. Al igual que las subvenciones cuando ocurre una catástrofe, o cualquier otra situación de emergencia. Todo se soluciona con la palabrería, el charlatanismo, las mentiras piadosas y las caras largas. Pero al día siguiente, “si te he visto, no me acuerdo”. Y uno ya no se cree ni una palabra de cuanto nos cuentan los medios, ni los políticos, ni el cura en la iglesia, ni nada de nada. Las chispas fortuitas y de las máquinas cosechadoras; los turismos incendiados por accidente en una carretera comarcal que atraviesa una zona boscosa, etc, son situaciones cuya realidad auténtica resulta tan fácil de descubrir, que ya huele. Pero la inocencia de este pueblo español raya ya el máximo deseable. Pues no, algunos ya no nos creemos nada: ni lo del cambio climático, ni lo de los fuegos fortuitos, ni lo de la subida del mar y el deshielo de los polos, ni dada de nada. Todo son cortinas de humo para que nos olvidemos de los graves, gravísimos problemas que padecemos, comenzando por el despilfarro que nuestro cuerpo político lleva practicando en España desde tiempos de Felipe González, y ¡ya está bien!. Que queden todavía cuatro simpatizantes ilusos que les guste reírle las puñeteras gracietas a los políticos de su partido preferido, vale. Pero que sepan que eso ni es de razón, ni de justicia, ni de nada. Únicamente es una traición más a quienes con su sacrificio llevan contribuyendo al bienestar común durante toda la vida. Y todo para mantener alimentados a un montón de miserables sin oficio ni beneficio. O mejor dicho, de “vagos y maleantes”, como se recogía muy claramente en una ley anterior a nuestra “democracia” del 78”. ¡Menuda basura!
En definitiva, todo es un acto criminal continuado. Un soslayo descarado a la auténtica nacionalidad española. Una venta graciosa de nuestra identidad, cuando no una cesión de nuestros derechos y voluntades más loables. ¡Malditos sean!

