Preparar la casa del futuro eterno

por Antonia Núñez Millán

Hemos entrado en el mes de noviembre. Lo inauguramos con la fiesta de Todos los Santos. En este día celebramos a todos esos hombres y mujeres que gozan para siempre de la bienaventuranza y acudimos confiadas a su poderosa intercesión ante Dios. Y al día siguiente es la conmemoración de todos los fieles difuntos. Además de los que están ya en la casa del cielo, los que han muerto en gracia de Dios, pero necesitan purificar por algún tiempo la culpa o sea las manchas que han dejado sus pecados, están en el Purgatorio. Aparte de los numerosos sufragios que podamos ofrecer a lo largo del año la Iglesia nos invita a rezar especialmente en este día por nuestros hermanos difuntos, para acortar el tiempo de su estancia en el Purgatorio y que el Señor se digne abrirle cuanto antes las puertas de la felicidad eterna.

Un día cualquiera podemos estar incluidos entre los difuntos. Lo estamos viendo por desgracia con este accidente ferroviario, estos fallecidos no pensaban que no iban a volver  a su casa.

A mí me mando una amiga  de  Guatemala hace más o menos quince días, un video que le había causado gran impresión la muerte repentina de un sacerdote de Guayaquil (Ecuador) mientras celebraba la Santa Misa, se cayó una gran Cruz de la pared  y lo mato. Precisamente en la homilía había dicho: un día todos los que estamos aquí vamos a morir, por eso, la calidad de amor que le demos a Dios, a nuestra mujer, hijos, amigos, es el tiempo mejor empleado.

El joven que daba la noticia de su fallecimiento, decía que a veces ante estas cosas tan terribles podemos pensar ¡pero como Dios permite que pase eso! Pero sabemos que Dios de todos los males saca bienes, esta Misa estaba siendo televisada y estas palabras han impactado enormemente a todo el mundo, y seguía diciendo que esto nos lleva a recordar las palabras de Jesús en el Evangelio que estemos preparados porque no sabemos ni el día ni la hora en que seremos llamado, nos  jugamos mucho+

¡¡ Toda la eternidad!! En un lugar del cielo, o en otro, según haya sido nuestro comportamiento en la vida.

Una vez le oí a un sacerdote en una meditación sobre la muerte, que en el cielo querríamos a Dios con el amor que le hemos tenido aquí abajo. Si hemos vivido al margen de Dios y solamente en el último momento le pedimos ayuda y que nos salve, pues nuestro puesto en el cielo será bastante alejado del rostro de Dios.

Es  lo mismo que en el trato humano, cuando quedamos con una amiga a la que tratamos con frecuencia y tenemos una gran confianza con ella nos lo pasamos mucho mejor y disfrutamos mas.

Dios nos ha puesto aquí en la tierra y nos ha dado unos talentos a cada uno, para que los hagamos fructificar con su gracia y nuestro esfuerzo y con ello nos ganemos el cielo.

Y no importa si son 5 talentos, 2, o 1 como la parábola de Jesús  que nos cuenta  San Mateo, cada uno negoció con ellos y le devolvió al dueño el doble pero el que    recibió uno solo, lo escondió en la tierra y le devolvió solo el 1 que había recibido .Pero a este siervo el dueño le dijo: siervo malo y holgazán debías haber dejado mi dinero a los banqueros y al volver yo hubiera recibido el dinero con los intereses. Quitadle por lo tanto el talento y dádselo al que tiene 10. Y al siervo inútil arrojadlo a las tinieblas exteriores allí será el llanto y el rechinar de dientes. ( San Mateo 25-14-30). Al final de este capítulo en el Evangelio narra el juicio final que es muy consolador lo que dice Jesús del premio que recibirán los que hayan cumplido la voluntad de Dios. Y esto consiste en aceptar cada día lo que se presenta y llevarlo con alegría porque es lo que Dios espera de nosotros. Que nos espera en nuestro trabajo, nuestras ocupaciones ordinarias, nuestro sufrimiento físico o moral, nuestro descanso, nuestra alegría, nuestras aficiones, nuestra preocupación de las demás personas….Todo eso ofreciéndoselo a Dios con alegría y no porque no nos queda más remedio que hacerlo, con ello nos estamos ganando el cielo. Le pedimos ayuda a la Virgen  a San José y a nuestro Ángel de la Guarda que para eso nos lo ha dado Dios a cada uno, para que nos ayude en nuestro caminar hacia el cielo.

Humor: En un velatorio. Comadre y ¿de que murió el compadre? Lo mataron los triglicéridos. Hay Dios Mío!!!. ¿De que barrio son desgraciados? Que inseguridad.

Humor: Va una persona al médico y le dice. Estoy muy preocupado porque  se me está cayendo el pelo. ¿Me puede dar  algo para conservarlo? Si, Si, aquí tengo una caja de zapatos.

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