“MASTYCA”

by J.A. "GARAÑEDA"

¡Qé noche pasamos!, dirán algunos. Esa es, con toda seguridad, la frase del domingo, tras un ensayo de cinco horas de ruido ensordecedor y algo de música. Y digo “ensayo” porque, a mi juicio y pese a que los habrá que opinen que soy una persona trasnochada, o antediluviana –y volvemos a lo mismo de siempre– la marca Belial no deja de estar presente en más cosas de las que suponemos, aunque no sea visible y muchos continúen pensando que el maligno enemigo no existe. Y es que, lo de la noche del 6 al 7 de Septiembre fue agotador. Qué digo, agotador; ha sido de prueba. Un experimento más para comprobar hasta dónde son capaces de aguantar los “demócratas” idiotizados de esta sociedad miserable, que vive adormecida en brazos de la comodidad sistémica creada artificialmente por unos gobiernos comprados y capados por quienes pretenden acaparar el poder mundial de un modo total y absoluto.

MYSTICA, caracterizado por ser un grupo heavy metal y rock alternativo, inició su actuación a las 11 de la noche del día seis de septiembre y, tras un primer espacio de música medianamente soportable, pasó a convertirse en algo muy parecido a un martillo pilón, a un martirio auditivo exasperante que, durante 5 largas horas, aturdió los oídos de los habitantes de Tordesillas que intentaban o intentábamos dormir. Algo así como “MASTYCA y traga”, para los que no estuviesen de acuerdo. Su música, que más que placentera era una “paliza” turbadora que, por medio del subwoofer –ese elemento que sirve para reproducir sonidos envolventes (graves y muy graves de películas, tales como explosiones, creando un sonido más inversivo), retumbaba en el interior de nuestros oídos, haciendo que el cerebro se alterase cada vez más, hasta darnos la sensación de que nuestro cráneo fuese a reventar. Lo cual no nos parece lo más adecuado para mantener nuestros niveles de salud mental inalterables. Pero claro, da la impresión de que esto es lo que la juventud reclama, quizá para permanecer cuanto más tiempo mejor en ese estado de vesania o enajenamiento; ese estar fuera de sí entorpeciéndole o turbándole el uso de la razón y los sentidos, ya que nada, fuera de eso, parece interesarles.

Lo mismo parece ocurrirles a los que dirigen los destinos de nuestra España, que también dan la impresión de estar a favor de esta táctica. Una postura que, lejos de no ser la más honesta, ni para el prójimo ni para con ellos mismos, provoca males mayores e irreversibles en nuestra sociedad, más necesitada de mentes capaces y brillantes que puedan encargarse de llevarnos hacia la luz en lugar de hacia las tinieblas.

En conclusión: agradeceríamos al Sr. Alcalde (don Miguel Ángel Oliveira), así como a toda la corporación municipal, y muy especialmente a quienes tengan asignada la labor de contratar grupos musicales para amenizar los tiempos previos al desarrollo de las fiestas de la villa tordesillana, que muestren un mayor celo y cuidado a la hora de contratar a grupos de este tipo, teniendo en cuenta no sólo el gusto del sector más joven de población existente en la localidad, sino el que siempre indicó el sentido común y el respeto hacia nuestras gentes, afines a una tradición menos agresiva, más cordial y, sobre todo, más enraizada con nuestras costumbres y cultura; esa que, desgraciadamente, cada día brilla más por su ausencia y por la falta de afinidad con ella entre quienes debieran hacerlo, más por la posición que ocupan social y políticamente que por criterios de “modernidad”, pues para ello resulta muy principal entender y saben diferenciar entre lo que es normal y lo que es sano, tanto para nuestros cuerpos como para nuestras almas y nuestros cerebros en particular.

Entendemos que, si bien todo el mundo posee el derecho a disfrutar del tipo de música o ruido que más le agrade, de lo que no participamos es del hecho de que debamos soportar estoicamente una actuación musical en la que lo que más destacable sea el ruido estruendoso y la sacudida constante de un elemento cinematográfico más apto para derribar muros a base de emitir ondas y frecuencias rompedoras de muros (como sucedió en Jericó). Siendo ello motivo de nuestra oposición hacia este tipo de demostraciones estrepitosas, estridentes e insufribles, más propias para reventar tímpanos que para aliviar y amenizar un programa festivo.

En definitiva, Sr. Alcalde, ahí queda nuestra opinión. Un sentir que, aunque fuese únicamente particular, debería ser tenido en consideración. Pero también porque detrás de él, pueda haber un clamor silencioso de muchos que quizá no se atrevan a manifestarse, por aquello de no resultar incómodos. Nosotros, por nuestra parte, no tenemos esa intención; solamente lo hacemos con el ánimo de sincerarnos, y tratando de dar a conocer un parecer que consideramos al mismo tiempo tan respetable como cualquier otro. Aunque se nos ignore. Lo cual, creo, ya no sería muy democrático. Siempre ha existido un término medio. ¿No le parece?

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