
Más que nada porque la presencia de la Guardesa, la joven Judith Frutos y sus damas de compañía Natalia y Laura en la novillada de cierre de esta feria ataviadas con el traje típico segoviano, destilando alegría y juventud, pusieron la nota de color en un festejo de poca chicha y menor limoná. Los novillos de Aurelio Hernando acusaron las carreras del encierro de la mañana, cojeando y marcando querencia, además de levantar las protestas del público. Tanto es así que el último de la tarde, de nombre “HORTELANO” fue devuelto a los corrales por manifiesta invalidez y sustituido por un sobrero de Beteta, orientado, con el que nada pudo hacer su lidiador, en esta ocasión el novillero triunfador del circuito de Castilla y León, Jorge Oliva. Y eso que había cortado una oreja al primero de su lote, por una faena entregada y templada que había brindado al torero de la localidad Javier Herrero.
Este tercero de la tarde se llamaba “rasquillo” y fue un melocotón que iba largo a los cites del joven torero quien se preocupó y bien de lucir la embestida desde la largura y eso que sonaron al principio palmas de tango al dar muestra el burel de estar acalambrado. Un pinchazo arriba y estocada entera y contraria le valió la oreja que paseó sonriente alrededor del anillo.
No pudo ser redondear el triunfo pese al intento del joven novillero segoviano.
Abrió festejo el portugués Gonçalo Alves, espigado y alto, que no acabó de entender ni ceñirse con galanura ante los dos de Aurelio Hernando que le correspondieron, uno veragüeño y el otro burraco que arrastraban la pata trasera y que levantaron las protestas, no muy exageradas la verdad, de la escasa concurrencia de público que hoy ha asistido a la novillada de cierre. El primero, mantenido por el palco, en esta ocasión presidido por Chema Costales, y al final resultó que el ejercicio y movimiento, además de la vara propinada, arregló en cierta manera la cojera del novillo. Y entre la desgracia del “lanchero” que abrió plaza en una voltereta y se partió el pitón izquierdo por la misma cepa, sin que llegara a desprenderse de la testuz del animal. Frente al cuarto de la tarde, un burraco de nombre “chacal” el portugués fue achuchado en el tercio de banderillas, pues al coger el olivo tras parear, perdió pie en el estribo y quedó a merced del toro que lo encunó sin consecuencias. Luego la faena se la brindó a Jarocho, el joven torero burgalés, pero careció de oficio. Acabó la misma tras un aviso de pinchazo y casi entera efectiva.
Salvador Herrero nos dio en el quinto el susto de la tarde al resultar prendido de mala manera por un burraco de nombre “elegante” que desató su fiereza pese al hándicap de la cojera ostensible en momentos de su lidia. Ante el primero de su lote mostró voluntad de hacer las cosas bien, pero los enganchones en las telas fueron el pan nuestro de cada día. Luego sería avisado hasta en dos ocasiones por el Presidente ante la tardanza de enviar al desolladero al ejemplar.
Frente al quinto, manso y brusco, estuvo muy decidido. Se fajó con él por ambos pitones cuando las lentejuelas del vestido titilaban a la luz de los focos de la plaza y, entregado en la suerte, recibió la cogida, menos mal que sin consecuencias. Y eso que el toro le había avisado en dos ocasiones con la colada.
Y quien puso algo más de emoción en la tarde fue Jorge Oliva a quien correspondió la lidia de “rasquillo”, bravo. Luego frente al sexto bis, por aquello de mandarle al corral por el pañuelo verde al titular, trasteó y acabó con buenas maneras al sobrero que salió en sustitución.
En resumen. La novillada de Aurelio Hernando con los veragüas que creíamos iban a poner la tarde en solfa, pasará a la historia con más pena que gloria. Y así acabó la Feria 2026 en honor de Nuestra Señora del Rosario, con extraordinaria animación del público cuellarano.
FICHA DE LA NOVILLADA
Cuéllar. Último festejo de cierre de la Feria de Nuestra Señora del Rosario. Un cuarto de plaza. Cinco utreros de Aurelio Hernando, con calambres y cojera ostentosa tres de ellos, uno bravo y encastado y el otro manso y un sobrero de Beteta, deslucido, para
Gonçalo Alves, silencio y silencio tras aviso.
Salvador Herrero, silencio y aplausos tras avisos.
Jorge Oliva, oreja y silencio.






