
Hasta Ferrera que hizo mutis por el foro al abandonar la plaza tras la lidia del cuarto toro, con permiso de la autoridad y porque viajaba a Perú, hubiera completado la terna triunfante saliendo del coso de la Amargura por la puerta grande, ya que siete orejas fue el balance total de una tarde larga y atractiva en la que los toreros banderilleros llevaron la explosión del garapullo a los tendidos de la plaza.
Muy brava y encastada la corrida de María José Majeroni Sánchez-Cobaleda que echó un encierro en la ciudad de Doña Urraca de esos que guardan el encaste murube urquijo, donde tan solo el «taparruedas» lidiado en quinto lugar se rajó tras la pelea con el torero queriéndose ir y rehuyendo su bravura. El resto de toros, aplaudidos en el arrastre, tuvieron fuelle, fortaleza, bravura y casta para reconocer ese acierto ganadero de Castillejo de Huebra. Además los tres primeros fueron desorejados por partida doble por los diestros y el último un «cubata» que casi desgracia al torero Ismael Martín en los estertores de la muerte, enganchándole por la axila y temiéndonos un percance más serio que, gracias a Dios, no se produjo.
Antonio Ferrera tras la lidia casi circense por momentos del cuarto de la tarde, un «tejedor» de 544 kilos de romana, abandonó la plaza, marchándose al aeropuerto para embarcarse en dirección a Perú donde debe actuar en estos días. Y digo esto de circense porque así me lo pareció. Hay momentos en que un torero debe respetar los fundamentos de la liturgia de la lidia y no hacer esos aspavientos, idas y venidas como si una película de cine mudo en cámara rápida se tratara con la velocidad de las piernas en el paso para entrar a matar al toro, para banderillearlo como si saltara en un trapecio con volatines de artista circense o para exigir al director de la Banda de música que le toque la canción de su repertorio o hacer salir al tercio al doctor Crespo para brindarle la muerte de un toro. Todo un despropósito que conduce más a la risión que al reconocimiento de la sensatez que debe imperar en todo torero que se pone delante de un toro bravo ante el público.
Tras la lidia y muerte de su primero, de nombre «violetero» además, el miembro de la cuadrilla Ángel Otero, mendigó ostensiblemente al palco la segunda oreja para su maestro como si le fuera la vida en ello, consiguiendo en la provocación que la vergüenza se extienda por quienes vemos esos gestos hacia el palco que dirige la corrida al menos como poco edificantes y merecedores de sanción. Y es que se extiende por momentos, cada día más el hambre pedigüeño de oreja sin merecerla, pues con una hubiera estado solucionado el asunto.
Otras dos orejas cortó David Fandila «El Fandi», quien brindó al público la muerte de «dormilón», un bravo ejemplar de Castillejo de Huebra al que el torero granaíno toreó con entrega, decisión y solvencia, especialmente con la mano izquierda. Una estocada entera caída fue suficiente para que las dos orejas cayeran en el esportón del diestro. Y donde estuvo poderoso, muy por encima del toro que se le rajó, fue frente al quinto de la tarde, a quien instrumentó una faena que comenzó rodilla en tierra, muy animoso, aunque alargar la faena en exceso le privó del premio, recibiendo un aviso.
Ismael Martín logra conectar con los tendidos de todas formas, lo mismo con el capote, con las banderillas, que con la muleta. Su alegre torería llega al tendido y se integra en el interés y atención del público. Además protagonizó un soberbio y espectacular quite a «flor de cardo» que así se llamaba el toro al que recibió con dos chicuelinas y un remate de rodillas en tierra. Brindó al público tras banderillear con sus compañeros al ejemplar de Castillejo y sacó una faena de valor y decisión muy aplaudida y reconocida por el respetable. Tanto que, pese a pinchar arriba en su primer intento y conseguir la estocada entera que acabó mandando al desolladero al burel, los pañuelos y el griterío del público hicieron que el palco le otorgara las dos orejas a las que se añadió otra más del que cerraba festejo y feria y que brindó a Javier Gómez, Javi «guarrate», presente en el tendido.
En resumidas cuentas. Una muy interesante corrida de la ganadería de Castillejo de Huebra que propició la apertura de la puerta grande para la terna banderillera actuante, aunque solo dos salieron en volandas del coso de la calle de la Amargura entre las ovaciones del personal.
FICHA DE LA CORRIDA.
Zamora. Media plaza. Segunda y última corrida de la Feria de San Pedro y San Pablo. La Banda de música de Zamora dirigida por Álvaro Lozano sopló de lo lindo y lo hizo con armonía, belleza y sonoridad digna de aplauso. Interpretó el Himno nacional antes de romper el paseíllo. Seis toros de Castillejo de Huebra, bravos y encastados, cinco de ellos aplaudidos en el arrastre y uno rajado para Antonio Ferrera, dos orejas y silencio tras dos avisos. David Fandila «El Fandi», dos orejas y saludos tras aviso e Ismael Martín, dos orejas y oreja.
Fotos: José FERMÍN Rodríguez


















