De los toros de ADELAIDA nunca podremos olvidarnos

por Jesús López Garañeda

Que la vida bien parece en ocasiones una calabriada de blanco y tinto no tiene duda ninguna pues a todos nos suceden hitos y contrariedades de las que no sabemos explicar en más de una ocasión las causas de las mismas.

En Salamanca, y más en el corazón de la charrería, justo a la abrigada de la Peña de Francia, hay varios recintos ganaderos, llenos de historia, memoria, resultado y verdad. Uno, no por pequeño más significativo, es el que rige Fernando García Rodríguez que lleva el nombre de su señora madre Doña Adelaida Rodríguez y que en la finca “Zarzosillo” en el Cabaco sienta sus reales e instalaciones entre pastos, encinas, robles y arboledas criando toros de los llamados “lisardos”.

Hace muchos años que conozco a Fernando y al que siempre he tenido en consideración, respeto y amistad, admirando su modo de proceder para entregar un producto ganadero de ese que no parece estar en los escritos del deseo de empresarios rimbombantes, pero que cuando habla de sus reses le sale el orgullo y alegría por la misma pajarilla.

El trabajo diario en el Cabaco, hoy con los calores de este verano adelantado que agosta y acogota las cabezas y los cuerpos de las personas y a los toros les obliga a sestear en los sitios de querencia y refugio, sigue día a día, pienso a pienso y alpaca tras alpaca para echar de comer al ganado y tenerlo en estado de revista para el comprador o el veedor de animales en el anuncio de su lidia en cualquiera de las poblaciones españolas.

Fernando es un hombre que sigue con sus trece de no disponer de “mueco” en su ganadería y de ello alardea siempre que tiene ocasión. Tal vez eso le haya hecho mella en su venta ganadera pues ya se sabe que hoy en día todo se prefiere con menor peligro natural.

De los toros de Adelaida Rodríguez, esa raza que fue comprada y añadida al rubio de Golpejas y que eran ni más ni menos que los buenos toros de Lisardo Sánchez, siguen vivos en la dehesa ganadera de Zarzosillo y allí los dibujó mi buen amigo, el acuarelista José Ramón Muelas, ofreciéndome esta pincelada del sitio, del lugar, de sus gentes y de sus reses, en un paraje más que hermoso de la tierra de Salamanca.

Ánimo, Fernando, y algún día muchos comprenderán el esfuerzo, la dedicación y el salero aguerrido de tu persona por dignificar y dar verdad a la fiesta más genuina de España, la de los toros, con una ganadería de emblema y divisa.

Yo de los “Adelaida” ni me he olvidado y mucho menos de una persona a la que aprecio sinceramente desde que la conocí en los corrales de la plaza de toros de Mojados hace ya más de una treintena de años, a la que realicé mi primera entrevista para el Anuario de la Federación taurina de Valladolid.

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