Según mis notas, ya son más de cuarenta los incendios forestales que hemos tenido hasta la fecha en España. Esos mismos datos nos dicen que el número de hectáreas calcinadas por el momento multiplican por seis las del año 2025. De donde podríamos inferir que, de continuar con esta tónica absurda e intolerable, en unos pocos años nuestro país será un auténtico desierto. Un trabajo arduo, sin duda, pero que supuestamente debe estar muy bien remunerado. De lo contrario, únicamente cabe pensar que quienes se dedican a esta tarea, o están completamente tarados (cosa que nos extraña bastante), o son unos hidepu (como se decía en el siglo XVI) redomados. No hay otra.
De otra parte, si son gentes que hacen este trabajo por dinero (mercenarios incendiarios), no sería descabellado pensar que forman parte de una mafia organizada encargada de satisfacer económicamente esta asquerosa labor por encargo de vaya usted a saber. Y, por otro lado, si realmente existe esa mafia organizada que busca convertir nuestro país en un erial, sólo cabe preguntarse quién o quiénes componen ese entramado criminal.

Las ideas que se me ocurren a este respecto son varias. Pero, os lo aseguro, lo que más me satisfaría en estos momentos es poder averiguar sus nombres y apellidos, para demostrar de quienes se trata. Conocer a aquellos que los contratan para este sucio trabajo ya sería otro cantar. Pero tampoco nada imposible. Lo más probable, en este caso, es que los tengamos delante de nuestras propias narices. Sin embargo, llegar hasta ellos y descubrir su “tapadera”, en ocasiones puede ser muy peligroso. Porque, en la mayor parte de los casos se trata de individuos sin escrúpulos y con poder. Ese poder, ya se sabe, que corrompe y que, con frecuencia, mata.
La vergüenza mayor que nos invade como pueblo y horroriza como personas individuales es la impotencia. Esa incapacidad, ajena a nuestra propia voluntad, que nos permitiría hacer algo que, sin duda, nos satisfaría sobremanera. Esa insuficiencia de fuerza que más que física o mental es legal, para poder llevar a cabo una acción, un derecho, o un trabajo determinados. Tan sólo el hecho de hacer recuento cada final de verano ya es un auténtico martirio para quienes se sientan realmente amantes de su país, de su pueblo, de su terruño. Ver cómo unos desalmados se dedican impunemente, cada año, a desolar nuestros bosques y la vida existente en ellos, constituye un auténtico delito contra la humanidad y la fauna que habita en ellos. Y no sólo no se combate eficazmente por parte del Estado y sus gobiernos, sino que contemplamos en sus rostros y en sus palabras la imposibilidad de disimular, debido a la costumbre. Algunos de nuestros políticos, dejan al descubierto inconscientemente una aleve sonrisa que muchos, en su incauto comportamiento, son incapaces de interpretar. Del mismo modo que ocurre con sus mentiras, ya tan falaces y llenas de hipocresía, que no merecen el menor respeto. Tan sólo un gran puntapié en el trasero.

En otro orden de cosas, añadiremos que, la superficie forestal en España en al año 2000 ascendía aproximadamente a 26.273.235 millones de Ha. Lo que representaba un 51,93 de todo el territorio nacional (datos actualizados del 3º Inventario Forestal Nacional Español).
En la actualidad, nuestra masa forestal a nivel nacional asciende a más de 27 millones de Ha (elDiario.es). Lo que quiere decir que, pese al empeño por repoblar las superficies arrasadas por el fuego, la intención de los autores criminales continúa ejerciendo una tenaz presión. ¿Y todo por qué? Simple: porque las medidas penales contra este tipo de delitos tanto ecológicos como contra las personas y sus bienes son irrisorias. Al igual que los medios para perseguirlos.
Además, en la mayor parte de los casos, los incendios se producen (según los medios de comunicación) por causas naturales o fortuitas. Algo que ya casi nadie se cree. Y menos aún las fortuitas; porque cualquiera puede dejar su viejo coche aparcado al borde de un camino, junto a un bosque sin limpiar y, para evitar andar con papeleo para darlo de baja en Tráfico, prefiere incendiarlo rompiendo el manguito de la gasolina. Y luego, a intentar cobrar algo por su póliza de seguro. Por eso nos llama tanto la atención el hecho de que durante el año 2025 se hayan producido (provocado) 63 siniestros de incendio, en los que fueron arrasadas 500 Hectáreas. Algo que puede parecer inaudito, pero que, simplemente, merece el nombre de INTENCIONADO. Lo demuestran las casi 8000 intervenciones de los bomberos en conatos de incendios.

Mano dura, que diría alguien de sana intención, aunque pueda parecernos bruto. Y es que la verdad no tiene más que un camino.
Por cuanto respecta a las “altas” temperaturas, tengo además otra “joyita” para vds. queridos y amable lectores:
Año 1926
T. máx media T. min. Media Max absoluta
Jun 25,5 12,9 31,3
Jul 29,9 16,7 35,2
Ago 31,5 18,6 36,4
Sep 28,1 16,0 33,4
Año 1985
T. máx media T. min. Media Max absoluta
Jun 27,5 15,8 33,4
Jul 32,3 20,1 37,6
Ago 31,8 17,9 36,6
Sep 30,3 18,0 34,3
Año 2025
T. máx media T. min. Media T. Máx absoluta
Jun 33,0 22,5 46,0 El Granado (Huelva) Los meses más cálidos como julio y agosto registran medias de 24 °C a 26 °C, aunque las máximas estivales superan frecuentemente los 35 °C, habiendo alcanzado picos históricos extremos superiores a los 46 °C.
Marca previa superada: Los 45,2 ºC de Sevilla en 1965.
Jul 32,1 22,5
Ago 34,5 24,6
Sep 28,0 15,1
Temperatura mínima absoluta: -17,1 °C en Pradollano, Sierra Nevada (22 de diciembre).
Conviene aclarar que las temperaturas durante el período que va desde el año 900 a 1250 de nuestra era pudieron haber sido globalmente más frías que las actuales. Sobe todo en el Atlántico Norte y Europa, donde las temperaturas medias estivales se estima oscilaron entre 0.7 y 1.0°C por encima de las del siglo XX; el clima no fue uniforme y se manifestó variable, con inviernos excepcionalmente fríos.

Además, está demostrado que un aumento generalizado de la Actividad Volcánica, por causa de las cenizas, impide que la radiación solar tenga un efecto directo sobre la atmósfera terrestre, provocando así un efecto de enfriamiento global.
En la Península Ibérica, al igual que en la Europa meridional, “este episodio cálido, cuya aparición se retrasó un par de siglos respecto del centro y norte del continente, deparó un incremento de las precipitaciones y, en consecuencia, de la humedad. (…) la calidez fue la nota dominante y no constan inviernos severos, salvo el de 1077 y el muy lluvioso de 1084- 1085. Otra cosa fueron las sequías, algunas de extrema gravedad, como las de 1057-1058, 1088 y 1094. El ambiente cálido se mantuvo durante el siglo XII, en el que fueron pocos los inviernos fríos y tampoco abundaron los veranos agobiantes.” (Historia- Anomalía Climática Medieval)
P.D.: el cambio climático nunca fue una casualidad, siempre existió. Ahora se nos “vende”, como si fuese una consecuencia más de nuestros comportamientos arbitrarios en cuestiones de tipo tecnológico e industrial. Pero que no nos engañen, jamás fue nada nuevo. Y muchos se lucran de nuestra candidez, “vendiéndonos” la moto, como se suele decir en términos castizos. ¡Anda y que te den!

