¡Ya huele a Peña!

¡Ya huele a Peña!

6 agosto, 2019 1 Por Julián Casado

Parece ser que este año, es año de “Soldadesca”. Sobre esto versa este interesante artículo de la mano de D. Jesús López Garañeda, publicado por la Federación Taurina en las redes sociales.

OTRA FORMA DE LIDIAR TOROS: EL ESTRADILLO, LA SOLDADESCA, FUNCIÓN COMPLETA.

Para recordar otra forma de lidiar toros, en Tordesillas existe aún el resquicio y el recuerdo de una actividad taurina digna de conocer. Se trata del ESTRADILLO conocido también con el nombre de SOLDADESCA.

Con ambas denominaciones se determina una actividad cómico taurina que se celebraba en Tordesillas cada cuatro años con motivo de las fiestas de la Peña y que protagoniza con sentido hilarante que toda una comparsa represente en el coso taurino de Tordesillas la farsa burlesca conocida como «el Estradillo». Su invención se atribuye al prolífico escritor tordesillano del siglo de oro, Alonso del Castillo Solórzano, un hombre digno de estudio y único para conocer aquella época por las numerosas obras literarias, de las que tenemos constancia y que él dejó escritas para solaz y entretenimiento de la posteridad.

Conviene, por tanto, recordar para que no se olvide, cuál es el genuino y auténtico significado de esta tradición tan popularmente tordesillana, conocida vagamente a veces, para que no se pierda su esencia, las generaciones jóvenes acepten de buen grado y con cariño el momento de la historia local que tienen entre sus manos y quienes contemplen el espectáculo sepan asisten a un rito propio de la Villa. Antes de nada querría dejar hablar a los libros de actas del Ayuntamiento, conocidos como de Acuerdos, para testimoniar el reflejo que de la actividad se da en ellos. Normalmente, hasta los tiempos más actuales no se han recogido exhaustivamente en las actas todos y cada uno de los pormenores, tal vez porque entendían los escribanos y regidores de la época que otras personas dedicarían unas líneas a contar cuanto acontecía de extraordinario en la vida local. Ahora, con las modernas aportaciones de los medios de comunicación, casi todo queda reflejado en papel, negro sobre blanco, para conocimiento y estudio de la posteridad. También traigo a colación a una de las personas que más ha odiado la fiesta de los toros como es Eugenio Noel, pero que en su opúsculo «Las capeas» hace referencia al Estradillo, sin citarlo, y confundiéndolo con el Toro de la Vega, en unas afirmaciones tan burdas, falsas y censurables que más le habría valido el  dedicar sus esfuerzos a otra actividad más necesaria para su provecho, su entorno y su vida que a la difamación grosera, absurda, ociosa y sin sentido. Pero bastante penitencia tiene ya con su castigo. Además tratándose de cuernos, es mejor no mencionar la soga en casa del ahorcado.

Como recoge un cartel de 1818 en el que se dan las advertencias pertinentes a los que asisten a los toros, queda prohibido arrojar al ruedo cáscaras de naranja, melones o sandías, piedras, palos, varas ni otra cosa que pueda perjudicar a los lidiadores. Que ninguna persona, sin distinción de clase, ni estado tire antes ni durante la corrida en sitio alguno de la plaza, perros, gatos u otros animales muertos, ni hacer aguas menores ni mayores, ni cosa que pueda ofender o incomodar al concurso…Y aunque en cierta manera a algo de eso se nos había acostumbrado debajo de los tablados en la plaza mayor de Tordesillas, como traerá el recuerdo a quien conoció los festejos taurino en el viejo recinto, es el momento de continuar tras estas cuestiones previas con el hilo que les había prometido al principio y que da título a este reportaje. El Diario de Manuel González Zillero, inédito, que yo cito en mi obra: «Crónica de Tordesillas«, página 205, tiene un dato correspondiente a 1781 acerca de las funciones habidas ese año, concretamente el día 10 de septiembre por la mañana, que textualmente dice: «… y por la tarde novillos con rejoneo y soldadesca y un toro de muerte que se mató el propio de un golpe que dio al saltar a la audiencia, que parecía una fiera. Día 11 por la mañana un Toro de Vega y sus novillos y por la tarde rejoneo, soldadesca«.  Antes, en 1774 escribe: » En este año se trasladó la fiesta de Nuestra Señora de la Peña al día 18 de septiembre por ser el día que es costumbre la víspera de los toros en Valladolid. En este año día primero de octubre tuvimos función de novillos y cuatro toros, dos se corrieron en la Vega (sic) y los otros en la plaza, y por la tarde hubo estrado, rejones de a caballo y ocho soldadillos con su capitán«. Como no hay casi nada de nuevo bajo el sol, conviene citar aquí el programa de fiestas de Tordesillas de 1995, editado por el Ayuntamiento, que en sus páginas 4, 5 y 6 recoge dibujos y las explicaciones pertinentes del ESTRADILLO. Bien estaría para documentarse que el curioso fuera a dicho escrito para completar su información.

Centra el Estradillo los amoríos de la farsa bajo un estrado de follaje o enramada adornada de gallardetes y guirnaldas (querría asemejarse a un local antiguo llamado limonada). En sus cuatro esquinas o ángulos se sitúan, sentadas en silletines cuatro ricas hembras que serán defendidas de las embestidas del astado por los cuatro enamorados, galanes vestidos con atuendo toreril de hace tres siglos, tocados con pañuelo tipo bandolero en la cabeza y sombrero calañés, nunca gorrilla y portando capotes toreros. Hay  ocasiones en que estos toreros pasan sus apuros ante las acometidas del cornúpeta y es ahí cuando el valor de las madamas tordesillanas debe manifestarse, al propinar el silletazo a la fiera, demostrando de lo que es capaz para salvaguardar su amor. En otro lado del cuadro, un rey ataviado a la usanza medieval con cetro, corona y manto, vestido con casaca y bragateril a la usanza mora, al cual dan escolta doce lanceros con uniforme de época y un tamborilero o redoblante que debe agudizar el redoble cuando se aproxime el becerro a la real persona. El rey deberá permanecer sentado en su trono, impertérrito, pese a cualquier acometida de la fiera. Los alabarderos tratarán de evitar con sus lanzas en posición que el toro toque a este rey sin nervio. Este rey indolente y sin brío bien puede asemejarse a aquel otro destronado en la Farsa de Ávila con el grito y la patada de: «oxte, al suelo, puto». Un bufón de corte, de gran importancia por su actividad y gracia en el auto, y dos palafreneros completan el cuadro. La tercera de las patas de esta «mesa» literaria y taurina burlesca la centra el caballero de la triste figura, Don Quijote de la Mancha, a caballo sobre Rocinante, con lanza y rodela en ristre, escoltado por dos palafreneros ataviados a la usanza medieval vistiendo coraza, malla, arnés y morrión de combate. Al lado, su inseparable Sancho Panza vestido con atuendo de labrador, montado en su tranquilo rucio, aguantando la mole de carne y hueso. Concluye la fregona, mujer hombruna y bigotuda que lleva gran parte del peso de la farsa. La fregona con un gran abanico trata de defenderse y hasta torea el becerro, cuando se le arrima. Luego, portando una chocolatera- en alguna ocasión una bota de vino- terminará de rendir a la brava res. Este personaje suele encarnarlo un hombre robusto y jovial disfrazado de mujer que se coloca en el centro de la plaza. La Fregona y el Bufón son sin duda alguna los personajes que deben mantener la hilaridad de toda la farsa, aguantando todo y ejecutando con gracia su cometido. Por último, el personaje de Don Tancredo, suerte que se añadió en años posteriores a su creación, tal vez porque dar un sentido de espectáculo con la quietud absoluta que debe tener encima de un pedestal, todo vestido de blanco el personaje es la compensación a la extraordinaria movilidad del resto de intérpretes. Don Tancredo y su suerte fue ejecutada por primera vez en España en 1899 por Tancredo López de quien recibió el nombre. En Méjico a esta suerte del toreo la llaman «el esqueleto taurino» cuya autoría y creación corresponde al espada mejicano José María Vázquez. En fin, las fiestas tordesillanas anuncian siempre regocijos y jolgorio y uno de ellos, el Estradillo, que con toros, novillos y baile, se decía, significaba que la función resultaría y será completa.

(Las fotografías, de Santiago B. Cacho, corresponden a una Soldadesca celebrada en su recinto habitual, la plaza mayor de Tordesillas, en el año 1973).

Article by Jesús López Garañeda  / Reportajes /Dejar un Comentario