Mujeres tordesillanas en las Escuelas infantiles de antaño.

Mujeres tordesillanas en las Escuelas infantiles de antaño.

28 agosto, 2021 1 Por Jesús López Garañeda

La ordenación del Sistema educativo, tras la promulgación de la Ley Moyano que imperó en nuestro país desde 1857 hasta la llegada de la Ley General de Educación de 1970, ha sido una de las actividades para crear una sociedad que eludiera el analfabetismo, la ignorancia y fuera alcanzando las cotas de formación e instrucción de sus ciudadanos. Un período por el que ha pasado la educación española hasta que los políticos decidieron utilizarla en su provecho en vez de el de la sociedad.

Los niños y niñas, párvulos como se llamaban, que tenían 2, 3, 4 ó 5 años de edad y no podían acceder aún a la Escuela pública eran recogidos en sus casas por personas que sin titulación alguna pero con la paciencia y dedicación para soportar una gran chiquillada, atenderla varias horas, acudían en Tordesillas a las escuelas que rigieron varias mujeres hasta que el tiempo permitió la entrada de varones en esas “permanencias” o clases particulares.

Los infantes tordesillanos fueron atendidos en las zonas cercanas a donde vivían: Por ejemplo la Escuela de la Tolila, situada en el Foraño, la de El Capillo de Doña Felisa en la plaza mayor, donde el antiguo bar la peña. María Centeno,“la poncha” en la calle de San Antolín; Amparito en la calle de San Vicente, cercana a una panadería que allí existió. Reme en la calle la Parra. Juana, “juanita”, en la zona de las Huertas y el Camarín y las Tranquis, Filomena y su hermana Benita, en la calle de Correos. Un “equipo didáctico” de mujeres reconocido y apreciado por la gente.

Como puede verse la distribución por zonas urbanas era evidente, cubriéndose así el espacio de la posible necesidad de llevar al párvulo a la “escuela” hasta que pudiera acceder a uno de los centros religiosos o públicos existentes.

A la escuela de Petra y Filomena, “las Tranquis”, acudí yo una temporada, hasta que cumplí 4 años y me llevaron al Amor de Dios. Recuerdo en el corral de las “tranques” que allí había una higuera que nos surtía de higos a tutiplén durante los recreos y en más de una ocasión, comerlos con demasiado ansia producía unas diarreas de padre y muy señor mío, a chicos y chicas, como aquella sonada que algún día contaré. Y cuando los llantos llegaban, ellas tenían un armarito con cajones pequeños donde guardaban bolitas de anís, de colores y breas. Nos daban una bolita y ya el llanto cesaba como por ensalmo.

Bolitas de anís para endulzar el llanto de los infantes

Os preguntaréis qué mobiliario había. Ninguno. Teníamos que llevar de nuestra casa una “banca”, nada más y nada menos que un taburete de madera sin respaldo, con un agujero en el centro donde nos sentábamos “a recibir la lección” aunque más creo oír una canción si la “maestra” entonaba.

En fin. El parvulario de Tordesillas fue así en los años 30, 40, y 50 del siglo pasado y unas mujeres se dedicaron a aguantar, recoger, soportar, atender y quitar los mocos de una gavilla de niños y niñas tordesillanos y con bolitas de anís y una brea nos quitaron el llanto, como tantas veces hicieron las Tranquis, dos hermanas solteronas, que me dicen murieron en un asilo de Rioseco.

Y cómo han cambiado, para bien, las cosas.

Pero que sepáis que la guardería y enseñanza infantil que se llama ahora y que todos conocen, si tienen hijos o nietos, antes la hicieron posible y la atendieron algunas mujeres abnegadas de nuestra localidad.

Y como tal vez alguno de los lectores recuerde su paso infantil, bueno es que lo añada, si es su deseo, a este sencillo comentario.

Me he limitado a poner, negro sobre blanco, aquella solución a la no existencia de centros escolares públicos tal y como ahora se conocen y traer a la memoria a “las TRANQUIS”, Filomena y Benita, que tal vez el mote o cognomento, otros dicen apellido, con que fueron conocidas en Tordesillas, hacía referencia a la tranquilidad con que soportaron los gritos, los llantos, las voces, las risas y la actividad de tanta chiquillada junta, revuelta en una habitación de una casa de la calle Correos, enfrente de la barbería primitiva de “Canario” hasta que se fueron a vivir, ya retiradas de su labor, a las cercanías del Corro de San Francisco.

La foto de la portada es de 1919 y recoge a dos hermanos en la Escuela pública de Tordesillas, instruidos bajo la Ley Moyano, al aparecer la fecha escrita en la pizarra: “1919”. En ella se  pueden apreciar las ropas, libros, indumentaria y calzado de la época. Antonio Rodríguez Merinero y su hermano mayor… posan en la mesa del dómine que les enseñó gramática y otros conocimientos.