MEGAWATIOS EN LA CUESTA CARRACASTRO

MEGAWATIOS EN LA CUESTA CARRACASTRO

15 noviembre, 2020 0 Por La Senda

Diez megawatios es la potencia de los cinco generadores colocados en la Cuesta Carracastro donde decía la leyenda popular que “apareció un tesoro para asombro de Castilla”.

En la subida a la cima evoqué mis tiempos camperos cuando con la escopeta al hombro andábamos  por esas trochas y tesos en compañía de mi recordada cuadrilla de aventuras cinegéticas: “Pisto”; “Matisanz”; “Papá Reló”; “José curato”; Mariano Redondo, Julito Centeno, Kaito  y José el hijo de Alejandro cuando dábamos la vuelta a la cuesta por echar las perdices hacia los zumaques y nos hacían sudar la gota gorda,  pero ensanchábamos la capacidad pulmonar sin quererlo.

Hoy he ido por allí para ver los molinos metálicos, grandes, exagerados, inmensos, rollizos que han colocado junto al mirador de vigilancia veraniega para detección de  los incendios forestales. Y al asomarme donde un raposo nos dio en una ocasión los buenos días enseñándonos los dientes, me quedé estupefacto al ver la siembra de placas en toda la tierra, como un mar de metal fornido y robotizado.

Desde hace tiempo vemos cómo el campo de Tordesillas se cubre de placas y molinos solares, las modernas lechugas y espigas de metal, que producen, dicen, la electricidad más barata. No sé cuándo llegará a verse en el recibo de cada casa tordesillana la rebaja del precio del kilovatio consumido, pues sobre todo ahora en los tiempos invernales la demanda de electricidad crece y el pago mensual del recibo se vuelve prohibitivo e imposible para más de una economía. Y ya me contarán si la luz, como el agua, no son los elementos indispensables para la vida y su desarrollo y las economías domésticas flaquean por causa de pandemia, a ver qué salida tenemos para esta cuestión. Y quiera Dios no tengamos que volver a alumbrarnos con carburo.

Si al menos el Ayuntamiento recibiera unas buenas cantidades en concepto de colocación por su término de estos elementos técnicos, la cosa tendría un pase. Pero este toro es más de lidia difícil que de embestida franca, mucho me temo.

En fin que la mirada real y un razonamiento sencillo, casi, casi, lo vemos con cierta decepción, al menos de cara a dentro de 50 años cuando ya sean obsoletos esos artilugios y la chatarra se acumule inservible en el campo y no digo cien porque hasta allí todos calvos.

Me extraña que tantos ecologistas como dicen defender el medio ambiente, el campo y los animales ni rechisten ante la avalancha de huertos solares, con la perspectiva del mundo “feliz y sano” que quedará para los que sucedan a las generaciones actuales.

Evolución de las circunstancias y con los tiempos, donde se aúne con esperanza un futuro mejor para todos no solo para los actuales, erradicando la moda en boga y moderna, de ahora mismo “viva yo bien, y el que venga detrás que arree“.

Textos y fotografías: Jesús López Garañeda