El Campo Cruz de Tordesillas

El Campo Cruz de Tordesillas

4 octubre, 2021 0 Por Jesús López Garañeda

Quiero ofrecer este recuerdo a cuantos llegaron a bajar por el resbalín de la pendiente del Campo Cruz de Tordesillas que a buen seguro tendrán aún vivo en su memoria.

Llamar “Campo Cruz” a un lugar como el que recogemos en la fotografía ha sido siempre propio de los habitantes de la Villa para denominar la placita existente a la boca entrada al Real Convento de Santa Clara y ello porque en dicho lugar se levanta una  cruz de piedra de solera y antigüedad desde donde se divisa el puente y el discurrir de las aguas del Duero.

Este sitio, el campo Cruz, fue albergue de niños y niñas que asistían a las escuelas establecidas en ese mismo lugar,  que con el tiempo fue utilizado como biblioteca pública municipal hasta que las instalaciones del libro fueron trasladadas a su actual ubicación en las llamadas Casas del Tratado. En esta Biblioteca, antes escuelas de Santa Clara, empezó su andadura profesional la bibliotecaria local Rita Santiago, una mujer que conoce sobradamente los entresijos de su pueblo, orienta en lecturas y ofrece comentarios más que atinados de obras de los distintos autores. Pues bien, ahí en el campo Cruz jugaron niños y niñas tordesillanos en sus recreos escolares,  sobre todo practicando el resbalín en el talud del terreno, con la particularidad que en más de una ocasión los más osados y atrevidos llegaban hasta cerca de la misma orilla del Duero.

La pendiente desde el campo Cruz tiene una elevación notable, atravesaba el paseo y descendía en pendiente casi peligrosa hasta cerca del agua que, por cierto, es la zona de mayor profundidad conocida como “la madre del río”.

La técnica era sencilla. Se echaba un poco de agua para que la tierra estuviera más reblandecida y el patinaje resultara más rápido y emocionante. Claro es que las consecuencias en bragas, vestidos y pantalones manchándose de barro si el deslizamiento tenía poco control por los atrevidos escolares, era el pago más que evidente de risas para unos y lágrimas para otros.

Luego vendrían los sofocos, los ayes y las lamentaciones si acababan con las ropas hechas un Cristo pues se sabía que al llegar a casa, la madre adoptaba el recurso de la corrección cariñosa, zapatilla en mano, a las posaderas del chico o la chica. Y esto siempre era el precio, el pago, por entrar en el riesgo directamente allí mismo desde el campo Cruz.

Hoy el Campo Cruz es un lugar emotivo, ocupado de coches, donde tan solo las escaleras y la Cruz dejan un pequeño resquicio para el sosiego y la mirada.