DÍA 1
Querido diario,
Tras un desafortunado y caótico viaje con Air Europa rumbo a Mallorca —que se alargó más allá de la medianoche— y un peculiar paseo nocturno como primer contacto con la ciudad, caminamos por calles repletas de extranjeros a las puertas de pubs o de regreso a sus alojamientos, cual retirada de un campo de batalla. En su mayoría británicos y alemanes de entre 20 y 40 años, muchos en evidente estado de embriaguez. Así, nos situamos en Palma con la ilusión de disfrutar unos días de relax en este rincón de la geografía española.
DÍA 2
Querido diario,
Nuestro segundo día en esta preciosa isla mediterránea —capital de las Baleares— lo dedicamos a conocer Palma a pie. Nada mejor que comenzar con la Catedral, atravesando el barrio de Santa Catalina y el casco histórico desde nuestro apartamento. Esta imponente basílica gótica destaca por sus arbotantes exteriores —auténticas “espadas protectoras del templo”— y su maravilloso rosetón, el mayor del mundo en su estilo, conocido como el ojo del gótico. El interior no se queda atrás: la nave central con su majestuoso órgano del siglo XVIII, el retablo mayor custodiado por un gran candelabro metálico suspendido y la original capilla renovada por el artista mallorquín Miquel Barceló, convierten la visita en una experiencia inolvidable.
DÍA 3
Querido diario,
Alquilamos coche para descubrir algunos rincones emblemáticos de la Sierra de Tramontana, la gran cordillera del norte de la isla. Primera parada: Deià, con su preciosa cala bañada por un mar embravecido que nos impidió darnos un baño. Este lugar fue fuente de inspiración para Robert Graves, autor de la célebre Yo, Claudio. Continuamos hacia Valldemossa —uno de los pueblos más bonitos de España— pero la falta de aparcamiento nos obligó a contemplar su encanto en la carretera desde el interior del coche rumbo a la parada final, Sóller. Este encantador municipio, vigilado desde lo alto por la Torre Picada (fortificación del siglo XVII contra piratas y corsarios), nos recibió con sus hoteles y restaurantes a pie de playa, perfectos para cerrar la jornada. Bucear en sus aguas tranquilas, saborear un delicioso arroz negro y pasear de noche por el puerto disfrutando de un tradicional helado fueron los placeres que coronaron el día.
DÍA 4
Querido diario,
Último día. A pesar del calor sofocante y del cansancio acumulado, nos dejamos perder por la sombra de calles y plazas del centro rumbo a la Sala de Exposiciones Juan March. Durante estas, en ocasiones, interminables caminatas -el sol siguió sin dar tregua en ningún momento-, nos sorprendió gratamente la presencia de algunos edificios de estilo modernista de exquisita factura. Una vez llegado a nuestro destino, una retrospectiva de Cristina García Rodero —primera española miembro de Magnum— nos esperaba. La fotógrafa manchega documentó con apenas 20 años la España rural, trabajo que cristalizó en España oculta (1989), serie mítica que capturó el alma de un país y se convirtió en un hito de nuestra fotografía. Antes de llegar, nos dimos el placer de visitar un par de librerías escondidas en el intrincado centro histórico. Sin duda, un broche perfecto para unas vacaciones inolvidables.

















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Bonita y bien narrada experiencia