ACLARACIÓN FIRMA ARTÍCULO

ACLARACIÓN FIRMA ARTÍCULO

7 septiembre, 2021 0 Por Julián Casado

Acabamos de escuchar la radio y el resumen o repaso que hace el locutor sobre el contenido de la revista La Senda de este mes y tenemos que salir a corregir lo siguiente:

El artículo titulado “HACE VEINTE AÑOS” está firmado con el pseudónimo  J. A. GARAÑEDA, y no por el cronista y escritor tordesillano Jesús López Garañeda, al que todos conocemos y estamos acostumbrados a leer  y escuchar a diario en los medios y redes sociales.

El firmante del artículo lo hace con un pseudónimo del qué, como exigen las normas, conocemos su identidad, pero que no revelaremos, salvo deseo expreso del autor.

HACE VEINTE AÑOS

por J. A. “GARAÑEDA”

Rebuscando entre las viejas cosas que todos solemos guardar en casa, he encontrado un ejemplar de la revista La Senda, de la que me honro en ser un colaborador más o menos asiduo. Se trata del que hace el número 60, año IV, de Febrero de 2001. En su portada, una fotografía de la fachada y torre del edificio del viejo Hospital de Mater Dei, en la calle de su propio nombre. Y en las páginas interiores un artículo de la redacción, en el que se expone la delicada y penosa situación en la que se halla el histórico edificio, presa del abandono desde hace décadas.

Al escribir estas líneas, no podemos, por tanto, pasar por alto (sobre todo después de dos décadas) dejar de hacer mención una vez más al mismo, así como al evidente estado de deterioro en que se encuentra (cada día mayor), sin que, al parecer, nadie haga nada por hallar una salida airosa para el viejo hospital. Una obra (como otros ya apuntaron en su momento) ideada por el rey don Dionís y fundada por doña Beatriz de Portugal, su hija, en el siglo XV, para dar cabida a las necesidades sociales del momento y a enfermos y necesitados.

Es de todos sabido que el monumento, de gran belleza originariamente, propiedad de los herederos del Conde de La Puebla, ha sido motivo de encuentros y negociaciones (hasta ahora desafortunados) entre sus propietarios, el Ayuntamiento de Tordesillas y Patrimonio Nacional, si bien desconocemos cuáles han sido los motivos por los que no se ha llegado a un acuerdo para dar respuesta satisfactoria a una demanda popular que podría evitar no sólo el definitivo arruinamiento de la obra, sino la consiguiente pérdida de un monumento histórico de características muy especiales, que ni Tordesillas ni los tordesillanos pueden permitirse.

Así las cosas, se impone la necesidad urgente de hallar una salida a este laberinto. Y, la primera palabra la tiene el propio Ayuntamiento. Él es quien, en primera instancia, debiera retomar nuevamente tal iniciativa, promoviendo una vez más un proyecto ante los organismos competentes que contemple: en primer lugar, un acuerdo con la familia propietaria del mismo que posibilite llevar a cabo la recuperación del edificio como parte del patrimonio cultural de la localidad; en segundo lugar, dar cabida a iniciativas que consigan aliviar, en la medida de lo posible, la grave situación existente en cuanto a pérdida de puestos de trabajo, tanto en Tordesillas como en los pueblos aledaños; y por último conjugar los intereses de las partes implicadas con las exigencias de Patrimonio Nacional.

En semejante coyuntura, no cabe duda de que nada de lo expuesto resultará fácil. No obstante, donde hay voluntad hay fuerza, y todos sabemos sobradamente que sin esfuerzo nada es posible (algo que, desgraciadamente, hemos aprendido con algunas de las cosas que nos han sucedido recientemente y que no sabemos si podremos recuperar algún día). Además, Tordesillas se merece algo más que un simple esfuerzo para quedar bien ante la galería; se merece constancia, tenacidad, sabiduría…; pero, ante todo, se merece entrega y magnanimidad. No en vano fue engalanada por la Historia con tantos títulos, tras haber dado ejemplo de generosidad, bizarría, entrega, valentía y nobleza en épocas pasadas, así como por su contribución a descubrimientos y hazañas  sin los cuales el mundo no sería lo que es.

Abundando, por tanto, en esta idea, y aunque a algunos pueda parecerle descabellada, debo añadir que, el hecho de que Tordesillas se haya convertido en un centro turístico de consideración no es un acontecimiento nuevo. Desde antiguo, nuestro pueblo ha disfrutado del atractivo turístico suficiente para albergar a todo visitante venido de cualquier parte. Su historia, su configuración urbanística, sus calles, plazas y corros, sus palacios, iglesias y conventos (de los que ya, desafortunadamente, han desaparecido algunos), sus costumbres y sus gentes han sido reclamo para muchos, suscitando incluso la sana competencia entre otras villas y ciudades, tanto de su entorno más próximo como de otros lugares lejanos. Por todo ello, se nos ocurre que, independientemente de otras opciones que puedan brindarse, tanto en nuestra propia provincia como en otras partes de nuestra geografía, no estaría demás intentar ofrecer a nuestros jóvenes (y por supuesto a aquellos que ya no lo son tanto) la oportunidad de formarse profesionalmente en un centro al que pudieran acudir sin necesidad de hacer largos desplazamientos, o permanecer internos durante meses, con el enorme gasto que ello supone. La hostelería es uno de los ramos en los que más sigue destacando nuestra localidad, y su sector es suficientemente amplio como para acaparar mano de obra especializada, tanto local como foránea, sin necesidad de recurrir a contratos precarios de personal sin formación específica, que a veces deja mucho que desear de cara al cliente. Y lo mismo sucede en otros sectores, como el de automoción, electrónica, informática, etc., en los cuales no quiero detenerme por considerarlo innecesario.

Un proyecto como este se me antoja que no puede constituir una quimera. Somos conscientes de  que, frente a algunos intereses, políticos o estratégicos en cuanto a este tipo de formación profesional, e incluso de mercado, tal vez podría representar un escollo que abría que superar mediante el empeño y una sana ambición. Por lo que no debiera ser un inconveniente insalvable. Sobre todo porque, sin entrar en cifras, existen familias que están entre la espada y la pared, hay un gran número de gente necesitada de un contrato de trabajo (fijo o temporal) y sin formación específica para poder optar a él de manera digna dentro de cualquier sector empresarial. Los  responsables de solucionar los graves problemas de la sociedad, de la vida diaria, de las familias y de las personas en particular no pueden permanecer de espaldas a esta realidad. Y esto es lo único que le pedimos a nuestros representantes municipales, que se mojen. Cualquier iniciativa en este sentido será bienvenida por los tordesillanos siempre que sea considerada seriamente. Además, si el proceso de desarrollo industrial no contaminante fue bien recibido en su momento, de lo que no cabe duda es que ha resultado insuficiente para contribuir a mejorar el bienestar general de la villa y su comarca. Por lo que sigue siendo, a pesar de todo y desde nuestro humilde punto de vista, una prioridad ineludible dotar a Tordesillas de una infraestructura más amplia en este sentido, de modo que las expectativas de futuro de las gentes no sean una mera ilusión. Si los gobiernos anteriores realizaron gestiones para lograr algún objetivo no concluyeron felizmente. Probablemente porque no tuvieron la suficiente habilidad para manejar el asunto. O, simplemente, porque una cosa es hacer y otra muy distinta aparentar que se hace para llegar a la siguiente legislatura.

Con demasiada frecuencia (y estamos ya acostumbrados a verlo) contemplamos cómo quienes se embarcan en la aventura política, en general, llegan a ella mostrando su irreductible deseo de lograr mejoras para el país y las gentes que lo pueblan. Sin embargo, llegado un determinado momento, se apoltronan y cambian de rumbo, olvidándose de sus promesas electorales y dejando de lado sus proyectos más ambiciosos, que no los suyos personales. Esperamos y deseamos que haya alguien en Tordesillas que agarre este testigo y se ponga manos a la obra de manera decidida y firme en este asunto. El Hospital de Mater Dei dispone de espacio suficiente para albergar salas en las que puedan impartirse (ya sea de modo continuado o en periodos determinados) cursos más o menos dilatados a los que poder acceder sin demasiada dificultad, y que abarquen campos diversos de trabajo. Con ello se lograría dotar a los interesados de un título o diploma con el que poder acceder a puestos de trabajo en empresas necesitadas de personal con formación más o menos específica, al tiempo que se facilitaría a cuantos estuvieran interesados la posibilidad de formar parte de ese digno conglomerado que constituye el TRABAJO.

Dicho esto, añadiré lo evidente: Mater Dei continúa estando ahí, esperando en silencio y arruinándose lentamente ante la mirada triste y desesperanzada de todos los vecinos y forasteros que lo conocen. Afrontar este reto podría ser un logro altamente valorado por los electores. También por aquellos que se sienten defraudados desde antiguo de la política y sus hombres. Al fin y al cabo, en ella como en cualquier otro campo de la vida, no se ganan los laureles pasando de largo, sino haciendo cosas buenas y perdurables en favor de los demás. No obstante, algunos añoran simplemente dejar pasar el tiempo entre mentiras y promesas incumplidas para llegar un día a la Diputación. Otros, los menos, prefieren hacer cosas que merezcan la pena por su pueblo, aunque con ello no consigan ser elevados a la dignidad de puestos más altos. Pero, ¿qué puede haber más digno que el hecho de ser recordado por tus convecinos como un hombre de bien, que pasó arriesgándolo todo por dar satisfacción a su propia honra y a su palabra? No sería de recibo que alguien, dentro de otros veinte años, hojeando las páginas de la revista La Senda, dijera: “Mira, después de veinte años se repite la historia, nadie ha hecho caso de nada”.